Cibeles Fashion Week

Andrés Sardá el artesano interior

El Concilio Vaticano II no sólo generó una revolución en la Iglesia de puertas para adentro. También en la moda interior femenina. No es broma. Barcelona, comienzo de los años 60. La Santa Sede ve con buenos ojos que las mujeres dejen de llevar mantilla en misa, y las catalanas hacen caso a la recomendación papal

Nieves Álvarez, en Cibeles, con un diseño de Andrés Sardá de la temporada otoño/invierno 2002
Nieves Álvarez, en Cibeles, con un diseño de Andrés Sardá de la temporada otoño/invierno 2002larazon

¿La consecuencia? La familia Sardá, que desde 1898 se ganaba el pan a costa de producir esta prenda «tipycal spanish» –hasta Jackie Kennedy lució una de la casa–, se enfrentó en ese momento a una crisis existencial.

Pero como en toda recesión, los genios emprendedores salen a la luz, en ese momento, hace ahora 50 años, Andrés, llamado a tomar los mandos de la empresa familiar, quitó el encaje de la peineta para adaptarlo a la moda íntima y las prendas de baño. Así, en 1962 este ingeniero textil refundó la empresa familiar con una firma de lencería, que primero se conocería como Risk y que luego adoptaría su propio nombre para convertirse en embajador español de una moda que exige poca tela pero mucha creatividad.

Perfeccionista y testarudo

Sardá se doctoró a partir de entonces en arquitectura de las formas femeninas cincelando con aguja, rasos, tules, chantilly, cristales y demás, como recoge el libro «Andrés Sardá. Moda, amor, arte», un homenaje a su trabajo, con una tirada de 3.000 ejemplares para coleccionistas en el que se entremezclan las imágenes transgresoras del fotógrafo David Hamilton con las de pasarela de las «tops» Nieves Álvarez o Eugenia Silva y los posados de Paulina Rubio y Paris Hilton, entre otras, para revistas de curvas. «Hemos estado dos años trabajando para sacarlo adelante. Cada una de las imágenes tiene una historia y un corazón detrás. Nuestra idea era dejar patente su espíritu perfeccionista y testarudo», comenta su hija Nuria, que ha tomado el relevo al frente de la dirección creativa de la marca y trabaja en la empresa codo con codo con tres de sus siete hermanos.

Por su delicado estado de salud, a los 82 años, Andrés no pudo acompañar a sus modelos de cabecera –Martina Klein, Verónica Blume, Judith Mascó– ni a los compañeros de profesión –Custo, Guillermina Baeza, Lydia Delgado– que quisieron aplaudir estas cinco décadas de trabajo incansable. «Andrés siempre ha buscado el maridaje perfecto entre comodidad y belleza. De ahí que las piezas experimentales se las probaran sus propias trabajadoras antes de lanzarlas a la venta para que ellas juzgaran si les sentaban bien, si resistían a los lavados...», detalla Silvia Ventosa, conservadora del Espai Disseny HUB Barcelona, y depositaria de unas piezas del diseñador que están catalogándose para formar parte de la exposición permanente del centro. Era la forma de lograr la prenda perfecta y de conseguir, como dijo Sardá, que «no tengamos clientas, sino adictas».