Desconfianza

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Todos, insisto, todos los agentes del mundo económico con los que he hablado desde finales de julio hasta ayer me han repetido la misma idea: el último cuatrimestre de este año va a ser muy duro; los primeros meses de 2011, también. Han sido altos directivos de la Banca, propietarios de empresas, gestores de las mismas. Como es natural se han registrado diferencias de matiz, pero la tesis de fondo se repetía una y otra vez: nos esperan 170 días difíciles y complicados. Y la verdad es que no ha dejado de sorprenderme tanta unanimidad. Cada uno explicaba la situación a su manera, las razones en las que se basaba para hacer esta afirmación, pero el resultado final era siempre el mismo: «A corto plazo lo veo negro». Ésta es la idea que hay instalada, por lo menos, entre mis interlocutores, que han sido bastantes, muy variados y en charlas más largas y distendidas de lo habitual, como corresponde a esta época de vacaciones veraniegas, algo que sería impensable cuando ya nos hayamos metido en la vorágine del curso político y económico, cosa que sucederá en pocos días. Si yo argumentaba que esa idea de desconfianza no va a contribuir precisamente a que salgamos de la crisis, ellos asentían, para, a continuación, agregar la siguiente frase: «Queramos o no, esto es lo que hay». Cuando preguntaba si se atrevían a hacer un pronóstico para todo el curso que viene, siempre me encontraba con una negativa por respuesta. Ahora habrá que esperar a ver qué dice el Gobierno al respecto, eso siempre y cuando sus miembros se aclaren, porque durante este verano han dado un recital de total descoordinación. La cita: el proyecto de presupuestos.