AGENDA «Solo y amargo» en Matadero

Cuándo: Hasta el 3 de julioDónde: Naves del Español, en el MataderoPrecio: 22 euros

Amargo muestra en este espectáculo su baile más personal e íntimo, que le hace mucho más cercano al público
Amargo muestra en este espectáculo su baile más personal e íntimo, que le hace mucho más cercano al público

Tras su paso por Barcelona durante el mes de mayo, el bailaor Rafael Amargo viaja a Madrid con su espectáculo «Solo y amargo». Un viaje por el mundo del flamenco que estará en la capital hasta el próximo 3 de julio. El escenario elegido para esta representar su nueva función ha sido las Naves del Español del Matadero de Madrid, un marco incomparable para este espectáculo sin artificios. Por primera vez en su carrera, Rafael Amargo aparece solo ante su público, sin la presencia de bailarines ni coreografías paralelas. Su única compañía son seis músicos y dos cantaores. Una austeridad escénica que le permite acercarse como nunca al espectador, que casi puede tocarle. «Solo y amargo» no narra una historia determinada, sino que viaja por todos los palos del flamenco más importantes que ha tocado el bailaor a lo largo de su carrera artística.

Las dos horas de espectáculo comienzan con una farruca, con la que Amargo pretende recordar a artistas consagrados como Antonio «El bailarín», seguida de unas soleás de charamuco, en donde Amargo baila con dos mantones de manila. Tampoco faltan sus clásicas seguidillas, una pieza por la que el bailaor siempre recibe grandes ovaciones y que en varias ocasiones se ha visto «obligado» a volver a interpretarlas de nuevo. El bailaor también homenajea en su espectáculo a la «chanson française», y se atreve a cantar unas líneas de «Ne me quitte pas», de Jacques Brel. Su soledad en el escenario le permite improvisar a su gusto, por lo que cada pase, de dos horas de duración, es diferente al anterior. Otro punto distintivo de esta nueva obra de Amargo es que los músicos y cantaores que le acompañan sobre las tablas tienen su momento de gloria sobre el escenario, donde cada uno interpreta una pieza en solitario. La sobriedad en el escenario también se plasma en el vestuario del bailaor, diseñado por Josep Abril, carente de detalles estridentes que alejen al espectador de lo que realmente interesa: el baile más puro, íntimo y personal que Rafael Amargo puede regalar a su público.