Benedicto XVI: «Hitler quería presentarse como sustituto de Dios»

El Papa recuerda en el Parlamento alemán que «el principio de la mayoría» no basta si no hay justicia

Benedicto XVI desplegó toda su habilidad intelectual y académica en el discurso que ofreció ayer en el Reischtag, el parlamento federal alemán. Las consecuencias de «pisotear el derecho», la denuncia del positivismo y el ecologismo fueron los argumentos principales de su intervención, que fue celebrada por un largo aplauso por parte de los parlamentarios. A este auditorio brindó su idea de la política: «Debe ser un compromiso por la justicia y crear así las condiciones básicas para la paz».

Recordando la parte más oscura de la historia de Alemania, afirmó que cuando el poder se separa del derecho, el Estado acaba convertido en «una cuadrilla de bandidos muy bien organizada, que podía amenazar el mundo entero y empujarlo hasta el borde del abismo». El hombre, como ha quedado demostrado durante el siglo XX, tiene la «capacidad para destruir el mundo». Tras exaltar a los «combatientes de la resistencia» que lucharon contra los nazis basados en la convicción de que «el principio de la mayoría» no basta, Benedicto XVI advirtió de que el positivismo imperante en Europa «reduce al hombre» y «amenaza su humanidad».

El Papa recuperó la denuncia del nazismo en el encuentro que mantuvo con representantes de la comunidad judía alemana. «El "omnipotente"Adolf Hitler era un ídolo pagano que quería ponerse como sustituto del Dios bíblico, Creador y Padre de todos los hombres», afirmó, condenando otra vez con firmeza el Holocausto y las circunstancias que llevaron a él. En el Reichstag, el Pontífice dijo encontrarse en un «lugar central» de una «espantosa memoria»: «Desde aquí se programó la Shoah, la eliminación de los ciudadanos judíos en Europa». La raíz del terror nacionalsocialista, recordó, está en el mito racista. «El rechazo del Dios de Abrahán, de Isaac y de Jacob, del Dios de Jesucristo y de las personas que creen en él» formaba parte de este mito. Al perder el respeto a «este Dios único», Hitler y sus seguidores también perdían el respeto por «la dignidad del hombre», como atestiguan las «horribles imágenes de los campos de concentración al final de la guerra». En éstas se podía ver lo que «es capaz de hacer el hombre» cuando rechaza a Dios.

También el presidente alemán, Christian Wulff, recordó los tiempos oscuros del nazismo y reconoció ante el Papa el papel de resistencia que presentó la Iglesia Católica.

La ecología del Papa
Aunque los parlamentarios verdes y de la extrema izquierda no se presentaron y dejaron alrededor de un centenar de asientos vacíos, Benedicto XVI hizo en el Reichstag un destacado alegato ecologista. «No puede ignorarse. Es un grito que anhela aire fresco», dijo. «La tierra tiene en sí misma una dignidad y nosotros debemos seguir sus indicaciones. La importancia de la ecología es hoy indiscutible».

Propuso después un concepto olvidado en la habitual ideología de los partidos verdes: el de la «ecología del hombre». «El ser humano», dijo, «no se crea a sí mismo»: posee una naturaleza que no debe manipular. «Su voluntad es justa cuando escucha a la naturaleza, la respeta y cuando se acepta como lo que es, y que no se ha creado a sí mismo».

Jerusalén, Atenas y Roma
La defensa del patrimonio cultural europeo concluyó el discurso del Reichstag. Benedicto XVI manifestó que la cultura del Viejo Continente nació «del encuentro entre Jerusalén, Atenas y Roma». La primera ofreció «la fe en Dios», la segunda, «la razón filosófica» y la tercera, «el pensamiento jurídico». De este «íntimo encuentro» nace la «identidad de Europa». La defensa de estos conceptos debe ser obligación de todos «en este momento histórico». El colofón del día fue la misa celebrada en el Estadio Olímpico de Berlín ante alrededor de 70.000 personas. Durante la homilía, el Pontífice hizo una mención implícita a los últimos escándalos que han sacudido la Iglesia al afirmar que en ella hay «peces buenos y malos, grano y cizaña», pero que si fija la mirada sólo en lo negativo, «no se revela su misterio grande y profundo».
Las cacareadas manifestaciones anti-Papa sólo reunieron unos pocos miles de personas en Berlín contra su visita.


Los Mártires del nazismo, en la memoria
- En la gran misa del Estadio Olympia muchos católicos ayer pudieron recordar la última vez que se llenó de fieles con un Papa: cuando Juan Pablo II beatificó en 1996 a dos sacerdotes mártires del nazismo, a los cuales quiso hacer mención. Bernhard Lichtemberg, que murió en un campo nazi, hablaba a favor de los judíos ya desde la «Noche de los Cristales Rotos» de 1938. Karl Leisner fue la única persona ordenada sacerdote a escondidas en un campo de prisioneros, en Dachau. Además, era un joven entusiasta del Camino de Santiago.