«Me insultaron y me dijeron que era tarde para echarme atrás»

M. M. es una víctima de los engaños y de las prácticas abortistas de Morín.

Carlos Morín en una de las ocasiones en las que acudió a declarar a los juzgados de Plaza de Castilla
Carlos Morín en una de las ocasiones en las que acudió a declarar a los juzgados de Plaza de Castilla

Madrid- En 1998, cuando tenía 24 años, se quedó embarazada de su pareja de por aquel entonces. No se lo esperaba. Sus circunstancias familiares no eran las mejores: «Mi padre nos abandonó y mi madre era ludópata. He llegado a pasar hambre y si yo tenía esas circunstancias, ¿cómo iba a mantener a un bebé?». Tampoco tenía estabilidad laboral porque estaba en periodo de pruebas en una empresa». De hecho, cuando consultó a los sindicatos, le dijeron que lo más probable es que no le renovarían su contrato por haberse quedado embarazada. Asustada, decidió ir a un centro de planificación familiar para asesorarse y allí una enfermera la convenció de que abortara porque «no había nada ahí dentro; con cuatro semanas de gestación, era un puntito que se quitaba sin problemas, no tenía forma, era una célula sin importancia y sin ninguna implicación emocional». Eso hizo que se sintiera liberada y acudiera convencida a un centro de Morín para que le practicaran el aborto: «Fui engañada con argumentos que ahora sé que son totalmente falsos. Pagué casi 500 euros y me trataron muy bien al comprobar que tenía las ideas muy claras, hasta que me tumbaron en una camilla y empezó la intervención. Fue entonces cuando me asusté, empecé a arrepentirme y a llorar amargamente. Dije "no continúen", pero entonces el tono amable cambió y las personas que me rodeaban empezaron a insultarme, a gritarme y a decirme que me callara porque ya era tarde. Me forzaron a continuar».

Asegura que estuvo cuatro días llorando tras lo ocurrido y después decidió enterrar en la memoria el amargo episodio. Pero pasados unos años «empecé a tener pesadillas con el aborto y empecé a sentir mucha tristeza. Ahora que quiero tener hijos, no puedo quedarme embarazada y estoy en tratamiento psicológico porque yo misma me lo impido a nivel emocional como castigo. Han pasado 13 años y aún me duele.

Hoy sé que lo que había dentro de mí era un bebé en toda regla, un ser humano, y a día de hoy lo lamento».

M. M. aún lucha por superar el trauma que sufre y asegura que le gustaría decirles a la enfermera y a los responsables de la clínica abortista: «Me habéis arruinado la vida», concluye.