Libros

Armaniflautas por Julián Cabrera

La Razón
La Razón FOTO: La Razón

Este fin de semana se clausuraba el festival de cine de San Sebastián por cuya 60 edición han desfilado auténticos iconos del séptimo arte como Susan Sarandon, Richard Gere, Dustin Hoffman o Tommy Lee Jones que como Woody Allen y tantos otros en ediciones anteriores, solo tenían palabras de gratitud para España y para una ciudad cuyo festival reconocía su talento. Y casi simultáneamente y en contraste con ello escuchábamos o leíamos declaraciones de otros iconos en este caso de nuestro cine; «Es que me tiro de los pelos con los recortes», decía nuestra Penélope, muy en la línea de lo que otros destacados y no tan destacados actores nacionales vienen afirmando dentro, pero también fuera del país allá donde alguien les escuche. Dando por sentado que los artistas tienen todo el derecho a manifestar públicamente sus opiniones políticas y a criticar duramente lo que se criticaba de forma liviana o simplemente se callaba hace tan sólo un par de años, sí se hace evidente el contraste entre un discurso de izquierda cartón-piedra y la inevitable imagen de alfombras rojas, vestidos de alta costura, fiestorros hollywoodienses y disfraces de chisporroteante burbuja de cava navideño. Es cierto que a quienes con su arte y trabajo se han ganado un nombre en el mundo no se les puede exigir la defensa «porque sí» de la marca España, pero tal vez bastaría con no comprometer más aún la renqueante imagen de un país en horas bajas por el empeño sistemático en poner a su Gobierno de vuelta y media. Y sobre todo, bastaría con mirar un poco atrás, a los grandes con mayúsculas de nuestro cine, muchos de los cuales vivían fuera de España no para tributar menos, sino porque aquí había una dictadura. Ellos sí nos mostraron con sus «Bienvenido mister Marshall», «El verdugo», «Calle Mayor» y tantos otros ejemplos de talento, una manera bastante más sutil, inteligente y honrada de crítica al poder.