Sin legitimidad por Martín Prieto

Rodríguez Zapatero resiste en La Moncloa frente a los votos de las urnas, que en las municipales le anunciaron su despedida. El tiempo ya corre en su contra y sólo le queda el juicio de la Historia 

Un presidente como Hamlet.  Rodríguez Zapatero, como el personaje de Shakespeare, vive en la duda, entre el «ser o no ser». Y entretanto, España sobrevive
Un presidente como Hamlet. Rodríguez Zapatero, como el personaje de Shakespeare, vive en la duda, entre el «ser o no ser». Y entretanto, España sobrevive

L a mayoría de las repúblicas americanas son presidencialistas por influencia estadounidense. Por la misma causa, Congresos y Senados se renuevan parcialmente hacia la mitad del mandato presidencial solapándose así unas legislaturas con otras. En la tesis de que la democracia no es sólo votar cada tantos años, estas legislativas parciales permiten conocer el grado de aceptación de la política presidencial entre los ciudadanos. Es una excelente fórmula de respaldo o desafección al Gobierno que ya quisiéramos poder importar aquí. Constitucionalmente erramos llamando presidente del Gobierno a quien deberíamos denominar primer ministro. En los recovecos del cráneo, eso de presidente nos suena a elección directa, y los que lo son, acaban creyéndoselo cuando son investidos indirectamente por una mayoría de las Cortes. El equívoco da para que todos nuestros presidentes hayan sido recibidos alguna vez y en alguna parte como primeros mandatorios de la República Española. Obama sólo está sujeto a renuncia o a un «impeachment» y puede seguir en la Casa Blanca con las Cámaras en contra. Es el presidente elegido personalmente por sus votantes y es reverenciado.

José Luis Rodríguez Zapatero tiene legitimidad de origen, aunque si es sensible padecerá pesadillas por haber llegado contra todo pronóstico a La Moncloa tras una marea de sangre preelectoral que volteó los sondeos de opinión. Explican sus jenízaros que su primera legislatura estuvo preñada por la bomba de retardo de la metástasis inmobiliaria y las hipotecas basuras de la Banca. En cuatro años le sobró tiempo para escuchar el tic-tac y proveer las medidas necesarias para desplegar un colchón evitando que se nos cayeran los ladrillos encima y que los Bancos devinieran en inmobiliarias sembrando el sufrimiento de los desahucios. No lo hizo y dedicó sus esfuerzos a la paridad, la ideología de género, la ingeniería social y la absolución de la derrota republicana. Fuegos chinos de artificio con los que creyó hacer felices a los españoles y… hasta la tiña ha vuelto a los colegios.

En su segundo mandato persistió en negar la crisis financiera internacional calificándola de leve desaceleración y asegurando que no nos afectaría y que nuestra Banca era la más sólida del mundo. Todavía hoy sigue sin cumplir los deberes que no quiere hacer mientras va sumando más de un 20% de paro y los mercados internacionales y nuestros socios europeos comienzan a cansarse de su increíble pachorra. Su política internacional es inexistente, y en la territorial ha metido a la ETA en los ayuntamientos vascos para compensar a los terroristas de tan prolongados esfuerzos. Éste es de los que se meten en la jaula del león para enseñarle modales en la mesa.

Imposible moción de censura
Zapatero, el de la legitimidad de origen, carece desde hace tiempo de legitimidad de ejercicio. No sirve para el cargo, es incompetente en todas las materias, es hamletiano, lleva la calavera y recita «to be, or not to be», y eso es la muerte para una nación que no debe ser dirigida por alguien tan intelectual como un campeón de bolera. Sólo se le puede destituir mediante una moción de censura que hacen imposible (precisamente) los partidos nacionalistas que cuando votan van al mercado. A la ilegitimidad de ejercicio se suma algo más poderoso: las recientes municipales y autonómicas, que no son unas legislativas parciales a la americana, pero tan demostrativas que, trasladadas a unas generales, el PSOE no tendría diputados para investir a Zapatero ni con el socorro interesado de todas nuestras nacionalidades juntas.

Ha sido de vergüenza ajena la entrada a las Cortes de una astrosa reforma laboral tirando de chequera política para amansar a nacionalistas vascos y catalanes. Zapatero se encuentra enroquado en la ilegitimidad moral. Recuerda la angustiosa e innecesaria resistencia de Richard Nixon para impedir su «impeachment», acabando en una dimisión abyecta que ofreció a cambio de su impunidad. El ectoplasma de La Moncloa tampoco tendrá legitimidad histórica. Pasará a los libros, sí, pero como Fray Gerundio de Campazas, alias Zotes, que también era de León.