Catorce misiones dieciocho condecoraciones

Los dos infantes de Marina iban a desplegarse en Líbano en abril. Sus compañeros los definen como ejemplares

De izquierda a derecha: el sargento Mateo, el cabo primero Muñoz, el sargento primero Zamora, el cabo Díaz Ruiz y el sargento primero Valdepeñas
De izquierda a derecha: el sargento Mateo, el cabo primero Muñoz, el sargento primero Zamora, el cabo Díaz Ruiz y el sargento primero Valdepeñas

MADRID.- Cinco militares muertos son una pérdida irreparable, son cinco familias destrozadas, cientos de compañeros acongojados, y son cinco historias interrumpidas. Y las de los dos infantes de Marina y tres miembros del Ejército de Tierra muertos ayer llevaban mucho mundo a sus espaldas. Todos sin excepción tenían experiencia en misiones y todos eran desactivadores de explosivos con una larga carrera en ese peligroso campo a sus espaldas. Los dos infantes de Marina estaban en plena instrucción para desplegarse el próximo mes de abril en la misión del sur de Líbano.

- Víctor Manuel Zamora Letelier. Sargento primero de Infantería de Marina, nacido en Chile hace 44 años y nacionalizado español. Ingresó en la Armada en el año 1987. De reconocido prestigio entre sus mandos, compañeros y subordinados, había desarrollado la mayor parte de su vida militar en la Unidad de Operaciones Especiales de la Infantería de Marina, habiendo participado en las misiones de Bosnia y Líbano, misión a la que se dirigía de nuevo otros cuatro meses. Padre de una hija, era Diplomado en operaciones especiales, zapador y especialista en desactivación de explosivos. Había sido condecorado tres veces con la cruz al Mérito Naval y otras dos por sus misiones en el exterior.

- Javier Muñoz Gómez. Cabo primero de Infantería de Marina, nacido en San Fernando (Cádiz), en 1974. De carácter afable y gran deportista, era un hombre muy popular y respetado entre sus compañeros de la Compañía de Zapadores, unidad en la que había desarrollado toda su vida militar. Con esos compañeros y y con una dedicación, aseguran, excepcional, había acudido a las misiones de Bosnia, Líbano, adonde volvía en abril, y Haití, donde vivió la tragedia de perder a cuatro compañeros. Estaba casado y tenía una hija. Estaba en posesión de dos cruces del Mérito Naval, una medalla de la UE por Bosnia, y dos de la ONU por Líbano y Haití.

- Sergio Valdepeñas Martín Buitrago. Sargento primero del Ejército de Tierra, destinado en la Brigada Acorazada número 12 de El Goloso, en Madrid. Nació en la capital en enero de 1976, su vida militar le ha llevado a Afganistán, Líbano, Bosnia y Kosovo. Sus compañeros le califican como «ejemplar e intachable» y en su haber contaba con seis condecoraciones, cinco por sus misiones el exterior y la cruz al Mérito Militar con distintivo blanco.

- Mario Hernández Mateo. Sargento del Ejército de Tierra y compañero del anterior en la Brigada Acorazada, sus compañeros lo definen como «jovial, siempre tenía una sonrisa en la cara y una palabra afable cuando se la necesitaba». Soltero como el sargento primero Valdepeñas y también madrileño, estuvo desplegado en Kosovo, Bosnia y Afganistán. Poseía la cruz al Mérito Militar con distintivo blanco.

- Miguel Ángel Díaz Ruiz. «Noble y alegre», era el más joven de los cinco con 25 años. Estaba destinado también en El Goloso aunque había nacido en Salamanca. En su trayectoria militar había participado en las misiones de Líbano y Bosnia.


La misión en Líbano ha desactivado 4.000 artefactos
- Los cinco militares ayer fallecidos se formaban en la desactivación de explosivos para integrar en el futuro la misión española en Líbano. Precisamente en el país de Oriente Próximo, los militares españoles han permitido inutilizar desde el año 2006 unos 4.000 artefactos durante más de 1.300 misiones y que han permitido limpiar una superficie de unos 400.000 metros cúbicos, según datos del Ministerio de Defensa. Además, en Afganistán, han logrado destruir desde 2003 «varios miles» de artefactos y municiones, entre ellos más de un centenar de los denominados artefactos explosivos improvisados (IED). Y es que en el Centro Internacional de Desminado (CID) se han formado oficiales y suboficiales de más de una docena de países.