Irak: la atroz guerra entre suníes y chiíes se libró al margen de EE UU

Una guerra dentro de la guerra. Los papeles sobre Irak filtrados por Wikileaks revelan las luchas sectarias entre chiíes y suníes por hacerse con el control de un Irak fragmentado. Una batalla interna al margen de los estadounidenses.

El atentado de Samarra: La explosión de la mezquita chií Al Askari marcó la batalla fratricida
El atentado de Samarra: La explosión de la mezquita chií Al Askari marcó la batalla fratricida

Las 109.000 muertes que lleva el conflicto desde 2003 (más del 60% de civiles) han sido en su mayoría por los ataques entre las diferentes comunidades religiosas del país árabe.

A medida que se hace una lectura más pormenorizada de los más de 391.000 documentos clasificados asoma que los estadounidenses se encontraron en medio de una batalla fratricida por exterminar al grupo rival. Se sitúa el origen de esta guerra civil en el año 2006 con el atentado perpetrado en la mezquita Al Askari en Samarra, uno de los principales templos chiíes. Al parecer, el ataque fue provocado por varios insurgentes suníes vestidos de policías iraquíes. Era el 22 de febrero de 2006 y el presidente iraquí, el kurdo y prodemocrático Jalal Talebani, ya denunció entonces una conspiración para provocar una guerra civil. Tras golpes como el de Al Askari, las milicias de uno y otro bando siguieron provocando el terror con distintos atentados.

Los documentos destapan una batalla sangrienta entre suníes y chiíes que ha ido minando a ambos bandos y extenuando a la población. Una situación de fondo en la que los americanos poco tenían que ver. Y aunque el Gobierno iraquí se volvió hacia ellos en busca de ayuda y asesoramiento, apenas un mes después de la retirada masiva de tropas se ha destapado el plan trazado por Teherán para convencer al primer ministro iraquí en funciones, Nuri al Maliki, de que se alíe con su hasta ahora enemigo, el clérigo chií antiamericano, Muqtada Al Sader, para formar Gobierno.

La lectura de los documentos apunta a que fue precisamente la limpieza sectaria sistemática la que condujo las matanzas hacia el desenfreno, alcanzándose el punto más álgido en diciembre de 2006, con 3.800 civiles asesinados, una cifra idéntica al total de asesinatos en los últimos siete años en Nueva York, informa «The New York Times». Un total de 1.300 policías, insurgentes y soldados de la coalición perdieron también la vida ese mismo mes. Además, los papeles filtrados prueban la mano en la sombra de Irán en la formación, organización y abastecimiento de las milicias chiíes.
 
Así, el 22 de diciembre de 2006, oficiales estadounidenses en Bagdad advirtieron de que el comandante de la milicia chií que había orquestado el secuestro de oficiales del Ministerio iraquí de Educación Superior tenía ahora planes de secuestrar a algún soldado norteamericano.

Lo especialmente preocupante de la advertencia era que el militante chií Azhar Al Dulaimi había sido entrenado por la Guardia Revolucionaria iraní y por el grupo paramilitar libanés Hizbulá. Cinco meses después Dulaime fue capturado y asesinado en la ciudad de Sader en Bagdad por tropas occidentales, si bien después de que cuatro soldados estadounidenses fueran secuestrados y ejecutados en una operación que «tenía la huella Dulaimi», según los documentos.