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Indignante

La Razón
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Indigno e indignante. Fuera caretas de indignados. Lo del 15 de mayo se ha convertido en un descarado y programado –además de violento–, plan de la izquierda radical, de «okupas» y antisistema. Democracia secuestrada, dice LA RAZÓN. El estalinismo. «Demócratas de mamporro» escribe Cefas. Arcadi Espada, en «El Mundo» acierta con una reflexión tan sencilla como contundente. «El 15-M, un acto violento desde el primer día, como lo es toda usurpación del espacio público». Querido Raúl del Pozo, no entiendo hacia donde vas. La violencia ante el Parlamento de Cataluña, un fallido y doloroso secuestro de la democracia. La violencia verbal ante el domicilio del Alcalde de Madrid, elegido por abrumadora mayoría de los madrileños, una cobardía gramsciana y grosera. Y Rubalcaba de brazos cruzados. El cumplimiento de su deber podría pasarle la factura en las elecciones generales. Pues que dimita. Indigna e indignante su pasividad. A un parlamentario catalán invidente le intentaron separar de su perro lazarillo. Bono y Mas exigen el uso de la autoridad. Esperanza Aguirre infinitamente más diáfana que Rajoy. Zapatero en babia, secuestrado por los suyos. Y la calle violentada y en manos de los que quieren terminar con las urnas. Ellos sí que no representan a nadie, excepto a ellos mismos. Los representantes del pueblo, de la soberanía popular, insultados, zarandeados, escupidos y humillados. En Madrid impiden la ejecución de un desahucio ordenado por la Justicia. Cayo Lara intenta obtener un beneficio del caso y también lo insultan. «Tienen razón» le dice a Del Pozo. No la tienen en absoluto. Y tampoco él, que acude a una algarada montada para desobedecer a las leyes. Tomás Gómez quiere hablar con ellos. Ellos no quieren hablar con nadie, porque carecen de fines, objetivos, programas e ideas. Frivolidad supina o cobardía clamorosa. Y Rubalcaba frotándose las manos y manteniendo la inacción de las Fuerzas del Orden Público. Fuera Rubalcaba. O candidato o ministro del Interior.

En España, la izquierda adora las urnas cuando sabe que van a serle favorables, y abomina de ellas cuando el trompazo es seguro. No coincido con los bienpensantes. Esto no es un movimiento espontáneo y apolítico. Se trata de un invento cuya finalidad no es otra que la de entorpecer el buen funcionamiento de las instituciones democráticas cuando el PSOE no tenga el poder, que será muy pronto. Es un iluso el que piense que Rubalcaba va a proceder, como es su deber, contra quienes ocupan la calle con su permiso. Violencia admitida por el propio Gobierno. Década de los cincuenta. Una manifestación ante la embajada del Reino Unido reivindicando la españolidad de Gibraltar. Terminó a palos. Se lanzaron toda suerte de objetos. No quedó un cristal intacto en toda la legación. Y el embajador, asustado como és lógico, llamó al ministro de la Gobernación, el Rubalcaba de antaño. –¿Señor embajador,le mando más policías?–; –No, señor ministro, mándeme menos manifestantes–. Se le puede ir de las manos a Rubalcaba su afición por mirar hacia otra parte. Hasta ahora, son muchos más los agentes del orden lesionados que los presumibles «pacifistas». Con violencia cualquier desgracia irremediable puede ocurrir. En ese caso, Rubalcaba también se vería obligado a renunciar a su candidatura. Por maniobrero, incapaz e irresponsable. Ya no hay excusas ni comprensiones. Lo de los «indignados» antisistema es indigno e indignante.