Un empate colosal

Empatados a tiros a la madera (Benzema y Montoya), a penaltis no señalados (a Özil y a Iniesta) y a goles: 2-2. El enésimo clásico no pudo ser más igualado. Con tanto talento en el campo, el Barça-Madrid fue un partido físico, de entrega, mucho más deportivo que político y cancha de un duelo universal entre Messi y Ronaldo. > Así se lo contamos, minuto a minuto > Así va la clasificación > ¿Cree que este Barça-Real Madrid es algo más que un partido de fútbol?

Conscientes de que algo del Balón de Oro se jugaba en este choque, se repartieron los goles, dos cada uno. Al portugués sólo le sobraron los últimos 15 minutos; se quejaba de un hombro, facilitó una entrada de Montoya por la banda que pudo ser el 3-2 y no pidió el cambio, que Mourinho no hizo. Al final, un punto para cada uno y la distancia de 8 prevalece.

Y el fútbol, que es deporte de cohesión cuando de la Selección se trata, excepto para los cerriles habituales, se abrió paso entre las aguas de la revolución catalana, enajenación en algunos casos, y el deporte recuperó su cauce. La señera en el graderío ocultaba los colores del Barça, pero no el himno. Dos equipos, 22 jugadores, una afición inflamada de un patriotismo manipulable y la pelota, cuando echó a rodar, cambió las reivindicaciones por los gritos al contrario, hasta el paréntesis del 17:14, cuando muchos, no todos, corearon lo aconsejado, «¡independencia!». Con todos los respetos, si a alguien se le ocurre que en el minuto 33 de los partidos hay que tararear la «Macarena», los Del Río se forran. Más todavía.

Pero ése es otro partido, que habrá que jugar en escenarios muy diferentes; en éste, el balón impone las reglas y dirige los sentimientos, encontrados entre el seguidor azulgrana cuando hasta cumplida la media hora apreció, desazonado, que quien llevaba la voz cantante era el odiado Madrid. Mourinho alineó a los más adecuados, a los que arrancan una sonrisa del madridismo al ver el once, y Vilanova, perseguido por las bajas en la zaga, se inventó a Adriano de central, junto a Mascherano. El más alto del equipo era Busquets y cualquier saque de esquina suponía peligro. Lo confirmó Sergio Ramos, pero se le fue lejos el cabezazo.

Después de unos primeros minutos equilibrados el Madrid, con una presión brutal, se adueñó del partido y el Barça, privado de la iniciativa, hubo de conformarse con hacer faltas y cerrar espacios; todos, menos uno, por el que se filtraron los atacantes blancos, para que Benzema, regate en un baldosín, pasara a Cristiano el balón preciso, que éste aprovechó con un tiro pegado al palo de Valdés que el cancerbero no supo tapar. Y el Madrid no se conformó, buscó más goles, olfateaba la debilidad azulgrana, a pesar de la omnipotencia y omnipresencia de Busquets, imponente. Pero no podía llegar a todo, es humano, y se quedó helado cuando en inmejorable posición, Benzema, al chutar, perdió el equilibrio y envió al palo; el rebote lo mandó fuera Di María. Hubiera sido el 0-2... Y llegó el 1-1. Un tanto absurdo, una empanada defensiva madridista que pilló a Pepe saltando a por uvas y a Messi, atento.

El empate desconcertó tanto al equipo de Mourinho que el de Vilanova se hizo el amo. Cambió el aspecto del encuentro y el Barcelona ni siquiera acusó la lesión de Alves. Ya en el segundo tiempo, nada más empezar, Mascherano hizo penalti a Özil que no señaló Delgado, como tampoco lo hizo cuando Pepe pisó a Iniesta dentro del área. Repartió errores y Messi, abstraído de todo lo demás, en el minuto 61 (casi el 17) aprovechó una falta de Xabi en la frontal para clavar la pelota en un ángulo. La celebración solapó los cantos de «independencia» y las «esteladas» pasaron inadvertidas.

Fútbol es fútbol, que decía Boskov, y el fútbol es caprichoso. Mourinho no se creía la derrota, tampoco su equipo la merecía, y fue Cristiano quien le dio la razón al batir a Valdés en la salida. Dos goles de Messi y dos de Cristiano, aspirantes al «Balón de Oro» e incapaces de relajarse por muchos tantos que sumen. Se quejaba Ronaldo de la clavícula izquierda, corría con dificultad, a Mourinho le quedaba un cambio por hacer y se fue Di María para que entrara Essien. Cristiano quería más, perseguía el tercer «hat trick» consecutivo. Messi no perdía de vista a Iker. Iniesta, Xavi y Casillas, esos campeones que han hecho méritos de sobra para obtener el galardón, seguían de lejos el otro duelo del partido. Al final, reparto de puntos, que dicen los clásicos, y clásico entretenido.


Ficha técnica
2 - Barcelona: Valdés; Alves (Montoya, m.27), Mascherano, Adriano, Alba; Busquets, Xavi, Cesc (Alexis, m.61), Pedro, Messi e Iniesta.
2 - Real Madrid: Iker Casillas; Arbeloa, Pepe, Ramos, Marcelo; Khedira, Xabi Alonso, Di María (Essien, m.87), Özil (Kaka, m.80), Cristiano Ronaldo y Benzema (Higuaín, m.61).
Goles: 0-1, m.23: Cristiano Ronaldo. 1-1, m.30: Messi. 2-1, m.61: Messi. 2-2, m.66: Cristiano Ronaldo.
Árbitro: Delgado Ferreira (Comité Vasco). Mostró cartulina amarilla a Pedro (m.40), Xabi Alonso (m.43), Busquets (m.54), Özil (m.58), Pepe (m.78) y a Arbeloa (m.90).
Incidencias: Asistieron al encuentro 96.589 espectadores en partido correspondiente a la séptima jornada de Primera disputado en el Camp Nou. En el palco se encontraban, entre otros, el presidente de la Generalitat, Artur Mas; el alcalde de Barcelona, Xavier Trias, el director de la oficina de la ONU sobre el deporte para el Desarrollo y la Paz, Poul Hansen, así como el mítico jugador de la NBA, Magic Johnson.

Antes del inicio del partido, el Camp Nou se vistió con un gran mosaico formado por 98.000 cartulinas con la 'senyera' catalana y la palabra 'Barça' como protagonistas. Miles de espectadores lucieron banderas independentistas en las gradas.