Una «speaker» para guiar a las masas

Covadonga Berjón trae el propósito firme de entretener a la gente, de que se divierta con la animación que precede a la llegada del Papa a los actos, de que el tiempo, que en ocasiones pasa con terca lentitud, no se convierta en inconveniente o desasogiego para los asistentes.

«Aunque se tenga poca fe, cualquiera que venga a la JMJ se acabará preguntando qué está uniendo a tanta gente»
«Aunque se tenga poca fe, cualquiera que venga a la JMJ se acabará preguntando qué está uniendo a tanta gente»

Lleva muchos meses aprendiendo a vocalizar, entrenando los secretos de la entonación y a evitar los nervios, que son el origen involuntario de tantos tropiezos. Una preparación larga, dura, de muchos jueves, que es cuando recibía las clases, y de mucha paciencia, que es una de las virtudes infravaloradas. Pero Covadonga, se nota, es una persona segura, de las que no tiemblan y arrastra ese convencimiento de que todo quedará bien. «No me inquieta nada. Todo va a salir fenomenal», afirma con rotundidad, sin dejar un solo intersticio por el que pueda colarse el temor, la duda o alguno de sus acólitos. En eso se trasluce que no es un carácter que se deje intimidar por las dificultades o los contratiempos que suelen azotarnos en ocasiones y arruinar nuestra voluntad para continuar hacia adelante. «Siempre hay que sacar fuerzas. Parte de mi familia está en paro. Es una situación muy difícil para ellos y para cualquier persona que se encuentre en la misma situación, pero hay que pensar que si se cierra una puerta, Dios abrirá otra y, quizá, sea mucho mejor que la que existía anteriormente». Covadonga está sobre el escenario, rodeada de botellas de agua, solventando los inconvenientes y las premuras de última hora, todas esas urgencias que requieren soluciones inmediatas. «Creo que Benedicto XVI puede ayudarnos a todos, incluso a los que no tengan un verdadero espíritu de fe. La gente debería venir para que vivan estos días y se den cuenta de que lo que nos mueve a todos nosotros no es únicamente una persona vestida de blanco. Que, en el fondo, existe algo mucho más grande detrás. Lo de Cuatro Vientos va a ser tan grande como unos Juegos Olímpicos, de verdad. Cualquiera que se acerque, aunque tenga poca fe, se acabará preguntando qué nos une a todos los que estemos ahí reunidos». En su conversación asoman los problemas sociales, los que preocupan a la gente y que están marcando la agenda política y la que no es política. «Vivimos una sociedad muy materialista. Y muy inconformista. Los católicos tampoco escapamos a esa percepción. Quieres una cosa y la quieres ya, y cuando la tienes, pues ya está, no lo aprecias lo suficiente». Eso te hace perder la esencia fundamental. Los hombres somos ahora demasiado egoístas. Sólo miramos hacia nosotros mismos. Somos, yo, yo y yo. Eso hace que existan todos esos vacíos que asedian a las personas. Lo que hace falta es más caridad, mirar al otro. Se necesita consuelo y apoyo, porque todos necesitamos algo de cariño y nadie lo da hoy en día». La propia Covadonga tiene el remedio para combatir ese mal: «Creo que deberíamos esforzarnos un poco y preguntar a los demás cómo están, cómo se sienten. Eso te da caridad y te obliga a pararte un momento».