Velázquez se multiplica

Andrew McKenzie, de la casa Bonhams, y el hispanista Jonathan Brown contrastan sus opiniones sobre la proliferación de atribuciones al artista con motivo de la salida a subasta de un supuesto retrato velazqueño

El retrato representa  el retrato de un caballero, cuya identidad es desconocida, de medio cuerpo con golilla blanca
El retrato representa el retrato de un caballero, cuya identidad es desconocida, de medio cuerpo con golilla blanca

«Si tuviera que dedicarme a atender todas las peticiones de presuntos Velázquez no podría dedicarme a otra cosa». Son las palabras del hispanista Jonathan Brown, una de las autoridades mundiales en el pintor sevillano, tanto que se podría suponer hasta que conoce las arrugas del pintor. Ayer, el experto visitó Madrid para presentar la nueva Cátedra del Museo del Prado sobre «La pintura del Siglo de Oro: perspectivas personales», que dirigirá entre mayo y octubre de 2012. Además, por la tarde recibió un premio concedido por el Patronato de la Fundación Consejo España-Estados Unidos por su dedicación «a la difusión del arte y la cultura española en el mundo».

Diseccionó las claves que aportará a sus alumnos, pero también denunció la proliferación de obras supuestamente del Siglo de Oro en manos de coleccionistas privados. «Hay dos Velázquez: el primero (el auténtico) es un pintor de 120 cuadros, la mayoría obras maestras, mientras que el segundo es el Velázquez en sombra, cuadros que no son de él».

Maestro de caza de Felipe IV
Al otro lado del Canal de la Mancha, Andrew McKenzie, director de Antiguos Maestros de la Pintura en Bonhams, no se mostró ayer especialmente preocupado por estos comentarios de Brown, aunque sí algo sorprendido. «Cuando llegó a mis manos el retrato, una de las primeras personas a las que acudí fue a él. Estaba incluso dispuesto a llevarle el cuadro a Nueva York, pero declinó mi invitación y me dijo que no hacía comentarios sobre obras que estaban en el mercado en vez de en los museos. Por eso me extraña que hable ahora, más aún cuando no lo ha visto», explica. El experto recibió ayer a LA RAZÓN en la casa de subastas londinense donde el próximo 7 de diciembre se venderá la pieza al mejor postor. El precio estimado está entre dos y tres millones de libras, pero se da por hecho que se superarán las cifras. La obra es un retrato de un caballero, de busto, con una túnica de cuello negro y golilla blanca de 47 x 39cm. Está pintada en torno a 1632-1635 y aunque la identidad del hombre misterioso es desconocida, los expertos creen que se trata de Juan Mateos, maestro de caza de Felipe IV.

Tras un tour por las laberínticas oficinas del edificio, McKenzie abre una puerta que lleva a una pequeña sala. Y es en ese momento cuando uno se encuentra cara a cara con la pintura. Incluso para los ojos no expertos –como es el caso de esta redactora– resulta impactante, tremendamente hermosa. «Yo no me canso de mirarlo. Vengo cada día y prácticamente a cada hora. Yo también recibo cada día llamadas de gente que piensa que tiene una obra maestra en casa, pero uno sabe cuándo se topa con algo excepcional y éste ha sido el caso», matiza el experto.

Sus palabras denotan cierta molestia con la actitud de Brown aunque en cierto modo, McKenzie no le quita la razón. «Es cierto que hay 120 obras que pertenecen al artista y otras cuantas que se le han atribuido. Pero en este segundo grupo hay que hacer distinciones, las que se han bautizado dejando muchos puntos abiertos y las que las pruebas de investigación dan la razón. Y éste es nuestro caso. Todo el mundo que sí se ha molestado en ver y examinar el retrato no tiene ninguna duda de que pertenece al genial artista».

Han sido muchos meses de trabajo los que se han necesitado para demostrar su autoría, aunque desde el primer momento que vio la pieza, el experto supo que era del sevillano. El cuadro llegó a la oficina de Bonhams en Oxford en agosto de 2010 mezclado con una serie de obras del artista británico del siglo XIX, Matthew Shepperson. Los lienzos estaban en poder de uno de sus descendientes que los guardaba prácticamente apilados en un cuarto.

La calidad del retrato destacó de entre las demás piezas y los responsables del departamento de Pintura de Londres decidieron retirarlo de la venta para someterlo a un examen exhaustivo. Las sospechas de McKenzie y su compañero, el consultor Brian Koetser, fueron confirmadas, entre otros, por el doctor Peter Cherry, profesor de Historia del Arte en la Universidad de Dublín y una de las autoridades sobre Velázquez.

En un artículo publicado «ARS Magazine», Cherry explica que además de pintor, Shepperson era también coleccionista por lo que, debido a su buen ojo, debió adquirir el retrato en el mercado británico en el que, por aquella fecha, existía especial interés por el arte español.

El peso de los colores, la mirada, la utilización de la espátula para definir el rostro con fluidos toques de luz en algunas partes como la oreja fueron algunas de las pruebas irrefutables que llevaron a Cherry a confirmar sin tapujos que se había descubierto una nueva obra maestra del sevillano. Carmen Garrido, Jefa de Servicios Técnicos en el Museo del Prado, también fue consultada acerca de la pintura y aunque nunca se pronuncia ante una pieza que va a salir al mercado es obvio que existe gran interés. El Prado ya compró «El barbero del Papa» por 23 millones de euros. «Es muy complicado atribuir una obra a un artista de la categoría de Velázquez. Nadie puede asegurar su autoría al 100% y de la misma manera que nadie puede descartar que dentro de 30 años alguien venga con pruebas que atribuyan las obras de la National Gallery a otros artistas. Hoy por hoy, estamos seguros de que este retrato pertenece a Velázquez».

 

Un goteo de atribuciones
Las últimas atribuciones que se han hecho al pintor son «La educación de la Virgen» y «Santa Rufina» (en la imagen). Juega un papel fundamental en este asunto la limpieza de los cuadros porque, como asegura Jonathan Brown, «no se puede atribuir lo que no se puede ver». En el caso del lienzo de la santa, la Fundación Focus Abengoa pagó 12,4 millones de euros en 2007. Sobre el cuadro había un enorme interés, ya que la última vez que «Santa Rufina» apareció en el mercado fue en el año 1999, en una subasta de Christie's en Nueva York, con una estimación de salida de tres millones de dólares y que se aupó hasta los 8,19 millones. Entonces,
sí se interesó el Ministerio de Educación y Cultura, que pujó por el lienzo, aunque finalmente la obra quedó en manos de un coleccionista.

 

El detalle
EL MAESTRO EN MANOS PRIVADAS

Uno de los escasos lienzos de Velázquez que asún hoy quedan en manos privadas es «El príncipe Baltasar Carlos en el picadero», pintado entre 1636 y 1637, una joya que se conserva en la colección del Duque de Westminster de Londres. Existe otra versión del cuadro de la colección Wallace con menor número de personajes. En España permanecen en manos privadas «Retrato de sor Jerónima de la Fuente», «Las lágrimas de San Pedro», «San Simón de Rojas difunto» y «Retrato del Conde Duque de Olivares».