Caso Faisán

El Faisán y la obediencia

La Razón
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El deber de obediencia tiene unos límites que ni se pueden ni se deben pasar. Lo sucedido con el chivatazo del bar Faisán es un ejemplo de ello. Un policía, sea cual sea su rango, se tiene que negar ante un acto ilegal. Uno de los procesados, Enrique Pamiés, se mostraba ayer indignado porque le acusan de colaborar con ETA. En el juicio se dirimirá si es o no culpable. Lo que resulta sorprendente es su indignación, porque quien hizo el chivatazo vulneró conscientemente la ley. No hay obediencia debida porque la condición de policía o político no comporta un pase de libre circulación por el Código Penal y el resto de nuestro ordenamiento jurídico. Un funcionario tiene la obligación de negarse y poner en conocimiento de la autoridad judicial ese acto delictivo. Mucha gente ha sacrificado su vida y su familia en el cumplimiento del deber. No solo Pamiés. Muchos han muerto asesinados por ETA. Por tanto, nada justifica que se ayudara a la banda terrorista durante el proceso negociador. Y quien lo hizo deberá asumir sus responsabilidades legales.