Acecha el peligro amarillo

El hongkonés Johnnie To, con «Vengeance», y el filipino Brillante Mendoza, con «Katanay», tiñen de sangre Cannes

Johnny Hallyday, ayer, entre otros protagonistas de «Vengeance»
Johnny Hallyday, ayer, entre otros protagonistas de «Vengeance»

Cuando Oriente se pone extremo no hay quien le pare. Tanto el hongkonés Johnnie To como el filipino Brillante Mendoza demostraron que existe el peligro amarillo, y no se anda con chiquitas. En «Vengeance» To ha contado con producción francesa, costumbre que este año parece haberse extendido en las películas asiáticas a competición –«Spring Fever» y «Visage», de Tsai Ming Liang, promovida por el Louvre–, y, «comme il faut», utiliza a un icono de la cultura popular gala, Johnny Hallyday, y a un referente mayor, Jean-Pierre Melville, para facturar otro «noir» excéntricamente «cool».Estilo imperturbableAnte felices ideas de puesta en escena, que adornan largas secuencias de tiroteos con la galanura de una fiesta del Año Nuevo Chino –pienso en aquella en que los malos se esconden tras grandes bloques de papel–, está un estilo imperturbable, que retrata una clásica historia de venganza con la ironía y el saber estar de quien pisa terreno conocido. No es difícil imaginarse a To como ese Hallyday crepuscular que recupera su pasado de asesino a sueldo para acabar con los que han asesinado a su hija y a sus nietos: es el último mohicano que aspira a dar el estilizado do de pecho en un género, el cine de acción de Hong Kong, que conoció mejores tiempos. Lo de Brillante Mendoza es harina de otro costal. Cannes se pone la medalla de haber descubierto el nuevo cine filipino –su adalid más radical, Raya Martin, concursa en «Una cierta mirada»– y, como ocurrió el año pasado con la pringosa «Serbis», ha decidido incluir en la sección oficial la nueva obra de Mendoza, un «exploitation» que pretende denunciar, a golpe de machete, la violencia que queda impune en su país. «Kanatay», que significa «masacre» en tagalog, sigue el descenso a los infiernos de un estudiante de investigación policial que se ve implicado en el lento asesinato de una prostituta cometido por una banda de polis desaprensivos. El «gore» extremo se mezcla con la denuncia social en una tomadura de pelo que quiere camuflar su espíritu de anticuado «nasty video» con el maquillaje del cine de arte y ensayo, sobre todo en su arbitrario uso del tiempo real.