Alfombra roja: manual de uso

Esquivas, provocativas, distantes, campechanas... Cada estrella tiene su truco para conseguir la foto sobre la alfombra y nada ocurre al azar.

Alfombra roja: manual de uso
Alfombra roja: manual de uso

Bien porque el pasado año no hubo gala de entrega de los Globos de Oro (se suspendió por la huelga de guionistas), bien porque es el paso previo a otras citas de primera (los Bafta el 8 de febrero y los Oscar el 22 del mismo mes, además de los Goya, el 1 de febrero), lo cierto es que las actrices más conocidas del momento dieron muestras de su dominio del «glamour» sobre la alfombra roja. Estrellas como Cameron Diaz, Jennifer López, Eva Mendes y Kate Winslet nos mostraron que ser divina es más que una cuestión de firma. Es una actitud. Elegantes, extravagantes, discretas, atrevidas... Todas son diferentes. Y sólo ellas acapararon todos los «flashes». Son las expertas de la alfombra roja, y descubrimos sus secretos para dar que hablar.

- Ser omnipresente. Como Anne Hathaway, aún conocida como «la del diablo se viste de Prada» y convertida en la actriz más vista de los últimos tiempos. No se pierde una alfombra roja. Lo de menos es que vaya guapa o fea, porque no logró ni una cosa ni la otra con su exquisito (y soso) vestido de Armani Privé.

- Exhibir orgullo latino. Su familia es cubana, pero ella nació en Miami y no se cansa de decir que es americana. Aunque bilingüe. ¿Resultado? Físico hispano y «glamour» americano. Y es que Eva Mendes, que hasta hace poco no acertaba con sus «looks», se ha refinado. Y mucho. Así lo demostró con un imponente vestido de Dior con escote palabra de honor, un enorme lazo en la cintura y totalmente blanco. ¿El detalle de lujo? Una fantástica gargantilla de Van Cleef & Arpels con turquesas y brillantes.

- Ir de discreta. Es el caso de Penélope Cruz: guapa, natural, serena, extranjera en Hollywood y, lo mejor de todo, siempre posa con una sonrisa que la ha convertido en una de las preferidas de Hollywood. Siempre está perfecta y, aunque no se llevó el Globo de Oro, su «look» de Armani Privé sí gustó. No hizo ruido por su sencillez, pero se llevó decenas de fotos.

- Practicar la «solidaridad». Eva Longoria no será la más elegante, pero «amadrinar» a diseñadores desconocidos se le da de maravilla. ¿Algunos de sus preferidos? El venezolano Angel Sánchez o la libanesa Reem Acra (creadora de su vestido en los Globos), ambos dedicados a la moda nupcial. Eso sí, para casarse, Eva prefirió ir de Chanel. Solidaria pero lista. Muy lista.

- Interpretar a una top. Pero de verdad. Heidi Klum posa como nadie y se lo puede permitir todo. Si aún recordamos el impacto que provocó el vestido rojo de Galliano que llevó el año pasado en los Oscar, el que lució en los Globos también perdurará en nuestras retinas. No sólo por la confusión que se creó en un primer momento, publicándose por error que era de Galliano; también porque se trataba de una valiosa pieza «vintage» de los años 50 firmada por James Galanos, creador de cabecera de Nancy Reagan.

- Sobrevolar la alfombra. Es lo que implica llevarse dos Globos de Oro. Kate Winslet, de Yves Saint Laurent, llegó tranquila y serena tanto de espíritu como de «look». El efecto fue correcto, y tan sobrio que parecía una auténtica actriz de las de antes. Lo que ella pretendía, vamos.

- Parecer cercana. Nadie como Cameron Diaz para representar a la «celebrity amiga» por excelencia. Con un físico saludable y trabajado en su justa medida, protagonizó una de las fotos más anecdóticas de la noche. Y es que el rosa chicle de su Chanel alta costura fue todo un desafío a las normas establecidas –que no lógicas– de la alfombra roja. Ni cursi, ni hortera, ni recargado. El rosa de Cameron fue todo un éxito. En gran parte, gracias a que ella es tan estrella como las demás, pero más natural. Infinitamente más.

Disfrazarse. Por ejemplo, de Marilyn Monroe. Como hizo Drew Barrymore, que posó con una de las estrellas senior de la noche, Jessica Lange (su compañera en Grey Garden) luciendo una glamourosa pieza con escote corazón, con sobrecapa en gasa transparente, en azul empolvado, de Dior Alta Costura. Ni el color poco favorecedor, ni la cartera de Roger Vivier en raso rojo –pegaba con la alfombra, pero no con el vestido­–, ni siquiera las raíces negras de su pelo rubio pudieron con uno de los looks más originales y elaborados de la gala. Y se agradece.