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Ateísmo y antiteísmo

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Los males de la actual cultura son muy complejos, aunque alguno de ellos no ha alcanzado todavía el momento en que tiene lugar la erupción de los efectos preparados por ésta, que son los únicos que actúan de modo determinante sobe la conciencia colectiva. De hecho, ahora la crisis de la cultura europea se encuentra en el momento en que la conciencia colectiva tiene experiencia de algunos de los efectos consecuentes a determinadas ideologías, que se transparentan y aplican en ámbitos políticos, pero está aún lejos de palpar todos los efectos negativos.

Se habla de progresistas o involucionistas. Es preciso clarificar el auténtico sentido del progreso. Es progreso lo que mejora las personas. Insistir en negar a Dios, negando a la persona su más radical condición: un ser inteligente, capaz de conocer a quien lo creó, es negar su auténtico ser. Y no sólo desde el ateismo – «sin» Dios- sino desde el contrateismo – «contra» Dios. Alguna vez se intenta apoyar ese rechazo de Dios desde la ciencia. Pero Einstein dijo una vez que, en la legitimidad de la naturaleza, «se revela una inteligencia tan superior que, frente a ella la inteligencia del pensar y del suponer humanos, es un reflejo completamente fútil». La «religiosidad cósmica», como él dice, se realiza en «el asombro extasiado de la legitimidad de la naturaleza», en una «fe profunda en la razón de la estructura del mundo» y, –atención– «en el anhelo por comprender aunque sólo sea un profundo reflejo de la inteligencia revelada en este mundo». La fe cristiana afirma que «las cosas creadas son seres pensados por una conciencia creadora, una libertad creadora que, a su vez, crea libertades. La fe cristiana se podría definir, con bastante acierto como filosofía de la libertad. En la cima hay una libertad que piensa y crea libertades pensando; una libertad que convierte la libertad en la forma estructural de todo ser».