Barenboim: música para la paz

Viena- Georges Prêtre no había dejado las cosas fáciles en 2008 para quien viniera a relevar al veterano director francés en el concierto más visto/oído del planeta: el octogenario maestro había mostrado una «vieneseidad» inusitada -pero no insospechada- a la hora de «marcar el 3/4», que es, a la postre, lo de menos en tal jornada ( lo de «más» es cuajar ese estilo único, mixtura de populismo y prosapia, que es el del Vals vienés de los Strauss y aledaños). Hondura y elegancia Daniel Barenboim, en su presentación en el Concierto de Año Nuevo, ha sorprendido a muchos por su «bis» cómica -para algunos excesiva o exagerada, para otros perfectamente acorde con el espíritu festivo de la sesión-, pero no ha deparado confusiones a la hora de manifestar su hondura de pensamiento musical y su elegante estilo interpretativo: páginas como la extraordinaria introducción de «Música de las esferas» de Josef Strauss, todo el conjunto de «Rosas del Sur» o las tres páginas (Obertura, Marcha y Vals) vinculadas a la opereta «El barón gitano» demostraron que el músico argentino-español es capaz de avecindar a los Strauss con Bruckner, Mahler o Brahms; en el caso de los dos últimos, tal cosa guardaba plena coherencia con la admiración que ambos tuvieron por el autor del «Danubio azul». Barenboim hizo exquisiteces orquestales con piezas como el simpático «Vals español» de Hellmesberger, los «Cuentos de Oriente» o la misma obertura de «Una noche en Venecia» de Strauss hijo. Sin embargo, dio la sensación de sentir menos interés, por ejemplo, por páginas tan multitudinarias como el citado «Danubio», la «Annen-Polka» o «Bajo truenos y relámpagos», y no porque necesitara fijar la vista en los pentagramas, ya que su privilegiada memoria le hizo dirigir sin partitura las 19 composiciones del programa. Como el «Gag» más sonado era de campeonato -sacar de escena a toda la orquesta-, se obviaron bromas habituales en los «Años Nuevos» de la Filarmónica, como la aparición rifle en mano de un instrumentista vestido de cazador en «Balas libres» o la llegada de otro músico ataviado de cartero en «Correo urgente», humoradas bien conocidas por los espectadores experimentados del concierto. Autoridad moral Era la primera vez que el programa incluía una obra de Haydn, y abrió así el año de conmemoración del bicentenario de su muerte en Viena. Barenboim pactó con la orquesta la inclusión del Finale de la «Sinfonía de los adioses» de Haydn, en donde, a exacta indicación de la partitura, los instrumentistas deben ir abandonando sus puestos y atriles hasta dejar solo al director. Los Filarmónicos siguieron el juego con justeza y garbo, y Barenboim hizo una exhibición de comicidad gestual que, con todo, fue más contenida en la mañana del día 1 que el «Concierto de San Silvestre» que se brinda en la noche del 31 de diciembre, en donde siguió y persiguió a algunos de los solistas y simuló que trataba de retener a algunos de ellos: la «versión» fue más comedida, pero no menos inefable, en la sesión del 1 de enero. Inmediatamente después, el artista se revistió de autoridad estética y moral al pedir para el año 2009 «paz en el mundo y justicia humana en Oriente medio», tras sus declaraciones en la presentación del concierto en las que el maestro criticó y rechazó la actual estrategia violenta del Gobierno israelí en sus ataques a la Franja de Gaza. Su paso por el «Neujahr Konzert» provocó todo menos indiferencia.