Doña Letizia el triunfo de la sobriedad

Con un estilo sencillo y natural, Doña Letizia se ha convertido en un referente de la nueva elegancia

Doña Letizia, el triunfo de la sobriedad
Doña Letizia, el triunfo de la sobriedad

Una semana antes de convertirse en Princesa de Asturias, Doña Letizia ya fue coronada en el mundo del papel «couché». Ocurrió en la fiesta previa a la boda de Federico y Mary de Dinamarca, donde su entrada triunfal con un vestido rojo de Lorenzo Caprile acaparó todas las miradas. El diseño, imitado hasta la saciedad, no dejaba dudas sobre su estilo, y confirmó el nuevo aire de elegancia que estaba a punto de irrumpir en la Casa Real española. Un aire que ya intuimos meses antes, exactamente el 6 de noviembre de 2003, día de la petición de mano y momento en el que las redacciones de todos los medios rastrearon sin cesar para saber de quién era el traje pantalón blanco con cuello chimenea que lucía Letizia Ortiz Rocasolano. Su predilección en los tiempos de Televisión Española por firmas como Adolfo Domínguez y Purificación García nos hizo dudar hasta que confirmamos la tercera opción: Giorgio Armani. Fue una de sus pocas concesiones a la moda extranjera, quizá porque tal decisión provocó más de una crítica. Sin embargo, Doña Letizia pronto demostró que tenía plena confianza en los diseñadores españoles. Sobre todo en dos. Lorenzo Caprile y Felipe Varela.

De corte clásicoEl primero se convirtió en el encargado de vestirla para las grandes ocasiones, mientras que Varela renovó su guardarropa de diario con trajes de chaqueta de corte clásico y vestidos a la rodilla fácilmente combinables. Entre medias, la Princesa se dejó asesorar por gente de su confianza, como el antiguo equipo de estilistas de Televisión Española y Laura Ponte, esposa de Beltrán Gómez-Acebo. Fue la modelo quien le recomendó que visitara a Miguel Palacio, autor de algunos de sus primeros trajes. Poco a poco, Doña Letizia fue acostumbrándonos a una imagen sobria, sin estridencias y dirigida a un claro objetivo: no llamar la atención, y mucho menos desviarla hacia otro punto que no fuera el de su papel como Princesa de Asturias. El cambio más llamativo se produjo durante el verano de 2008, poco antes de someterse a una rinoplastia para corregir la desviación del tabique nasal. Más segura de sí misma y después de haber mantenido una reunión privada con las directoras de las principales revistas de moda del país para intercambiar opiniones, Doña Letizia comenzó a alternar a su fiel Varela con otras firmas, como Armand Basi, Mango, Zara y Hugo Boss. La primera, una de las más vanguardistas y de mayor éxito fuera de nuestras fronteras, sirvió para descubrir a una mujer moderna y decidida. El caso de Mango y Zara confirmó que, ante todo, la Princesa quería demostrar que su rango no le impedía comprar diseños económicos. Porque ésa es la otra gran clave de su éxito: su esfuerzo por dar una imagen de ahorro y normalidad no sólo confiando en marcas baratas, también repitiendo modelos con cierta frecuencia. Cuestión que no impidió que, a finales del pasado verano, la edición estadounidense de la revista «Vanity Fair» la eligiera la segunda mujer más elegante del mundo, sólo superada por la mediática Michelle Obama. Poco a poco, el guardarropa de la Princesa ha tomado un rumbo en el que los colores lisos y la sobriedad de los patrones sólo se rompe con la elección de complementos atrevidos, sobre todo, los zapatos.

El «duelo» con BruniEstilo «peep-toe» (con la punta abierta), de plataforma y con tacones que no suelen bajar de diez centímetros, todos tienen etiqueta española, como Magrit, Ursula Mascaró y Pura López. De Magrit eran los que eligió para el que se convirtió en el enfrentamiento mediático de la temporada: la visita oficial a España de Nicolas Sarkozy y Carla Bruni. Consciente de que todas las miradas se desviarían hacia sus vestidos, Doña Letizia volvió a dejar huella al repetir modelo tanto en el almuerzo privado celebrado en Zarzuela como en la cena de gala del Palacio Real. Es más, como un guiño a la inminente celebración de su quinto aniversario de boda, rescató el diseño de Caprile que lució la víspera del enlace en El Pardo.

Por partida tripleSe ha escrito tanto sobre el estilo de Doña Letizia, sobre sus errores y aciertos, que en realidad poco queda por decir. Excepto insistir en su firme decisión de repetir vestuario para dar una imagen auténtica de austeridad. Así ha ocurrido en el Día de las Fuerzas Armadas, cita a la que la Princesa ha acudido con el mismo modelo durante los tres últimos años. Sin embargo, sí ha renovado su vestuario con la intención de darle un aire más moderno. De ahí que esta semana sorprendiera en la visita oficial del presidente de la República Dominicana con un vestido azul tinta con escote palabra de honor y un tirante cruzado, una de las tendencias que más triunfan en las revistas de moda. En cuanto a las joyas, Doña Letizia suele optar por los pendientes discretos de brillantes y, para las ocasiones especiales, por su tiara preferida: la prusiana, que pertenece a la Reina y que utilizó por primera vez hace hoy cinco años.