Dos náufragos sobreviven nueve días a la deriva en el Cantábrico

La Razón
La RazónLa Razón

MADRID- Poco después de iniciar la travesía que les debía llevar hasta Francia naufragaron en aguas del Cantábrico. Pasaron nueve días en un bote salvavidas, a la deriva y sin posibilidad de comunicarse ni pedir socorro. Cuando casi habían perdido toda esperanza de salir con vida, un barco les rescató y les trasladó a Asturias. Mientras se recuperan, recuerdan su rescate como un «milagro».

Ocurrió el pasado jueves. El mercante panameño «Nena A» rescató ayer a dos náufragos de nacionalidad francesa, que se hallaban a setenta millas del Cabo Peñas, el punto más septentrional de la costa asturiana, informó Salvamento Marítimo. Se trata de Frederique Boeuf, de 37, y Francois Cvinet, de 27 años, marinos de profesión, que fueron trasladados al hospital San Agustín de Avilés y se reponen de una hipotermia provocada por los siete días a la deriva en alta mar, soportando temperaturas muy bajas.

El velero, a pique

Ambos salieron el pasado día 19 de diciembre del puerto de Gijón en dirección al francés de La Rochelle a bordo del «Amosca», un velero de recreo de dos palos y quince metros de eslora. De acuerdo con su relato, a las 24 horas de salir de Gijón, el barco se fue a pique y los náufragos se refugiaron en la balsa de salvamento, desde la que no pudieron emitir ninguna señal.

«Vino una ola más grande que las otras y, no sé por qué, nos empezamos a hundir», explicó Cvinet antes de recordar que, tras el naufragio, constató que el teléfono móvil vía satélite que llevaba en un bolsillo se le había caído al mar, informa Efe

Durante los días que siguieron, apenas pudieron dormir diez o quince minutos para estar vigilantes ante el posible paso de barcos, una tarea «inútil», ya que no fueron avistados por ninguno, ni siquiera por una pequeña embarcación que pasó cerca de su balsa pero con cuya tripulación no lograron contactar. El sábado 22 pudieron ver alguno de los aviones que hicieron el rastreo, pero, posiblemente, debido al mal estado de la mar, no llegaron a ser visibles desde el cielo.

Otro de los momentos más duros, de acuerdo con Cvinet, que se emocionaba al recordarlo, fue cuando al pequeño bote se le abrió una vía por la que peligrosamente entraba el agua del mar. «Ya pensábamos que íbamos a morir cuando vimos el barco que nos rescató. Me pareció un milagro», relató. Cvinet fue el primero en avistarlo y avisó a su compañero, que en ese momento estaba desfallecido en el bote.

En ese momento, las autoridades francesas estaban a punto de suspender la búsqueda. Fue entonces cuando la Autoridad Portuaria de Avilés recibió una llamada para anunciar la llegada del «Nena A».

Desmoralizados

El otro náufrago, Frédérique Boeuf, señaló al principio ambos tenían moral, pero a medida que pasaban los días empezaron a pensar que morirían. «El agua que entraba en la pequeña embarcación estaba muy fría, pero ahora me encuentro vivo, y eso es lo más importante, la vida es maravillosa», ha añadió el más veterano de los náufragos.

Aunque el naufragio ha estado a punto de costar la vida a estos dos marinos, los médicos creen que ambos podrán regresar a su casa a tiempo para celebrar el fin de año. Tras su recuperación, Cviet regresará a su ciudad de procedencia, Cavalaire, y Boeuf a Frésus, ambas al sur de Francia, y no piensan cambiar de profesión, aunque ahora la ejercerán con «mucha mayor seguridad».