El acusado de matar a un taxista en 2007 admite que se entregó por las fotos que publicó LA RAZÓN

MADRID- Hay asesinatos cuyo esencial absurdo provoca no sólo el horror sino también una punzante sensación de inseguridad; la sospecha de que si algo así puede suceder, nadie está a salvo, por tranquilo y ordinaria que sea el devenir de su vida cotidiana, de que cualquiera, hasta el chaval del barrio al que has visto crecer puede ser el que te de la puntilla por unos miserables 70 (o siete) euros. La muerte del taxista argentino Daniel Anibal Aguilera en 2007 en el distrito de Hortaleza fue un ejemplo prototípico de ello. El asesino fue un joven brasileño de sólo 22 años, de su mismo barrio, que terminó por cortarle la yugular para conseguir un dinero que ni siquiera necesitaba, a pocos metros de la casa donde residía con su familia, tirando así por la borda la que podría ser una juventud normal en un país donde las oportunidades no faltan y sembrando del fantasma de la inseguridad en un gremio, el del taxi, que siempre se ha movido en el borde que separa la normalidad del peligro más extremo.«Tengo Ayer arrancó el juicio por el crimen en la Audiencia Provincial. El presunto asesino, Omar Estevao do Nascimento, un joven mulato de complexión atlética y con aparente buena salud, se declaró culpable. Sin paliativos. «Tengo que pagar porque fue mi culpa. Una persona falleció por mi culpa, creo tengo que estar en la cárcel». La acusación popular pide 15 años de cárcel, mientras que el fiscal solicita 18 años por el crimen y otros cinco por robo, además de sendas indemnizaciones de 200.000 y 80.000 euros para la pareja sentimental del fallecido y su hija, respectivamente.Además de reconocer su culpabilidad, el acusado afirmó también que su intención al coger el taxi ya era la de atracar al conductor, pero que durante el trayecto hacia su barrio deshechó tal propósito ya que, dijo, «conocía del barrio» a Anibal. Eso sí, no estaba dispuesto a pagar la carrera, y eso fue lo que provocó, según su versión, el «forcejeo» en el que terminó por matar al taxista. «Se puso bravo, muy nervioso», narró ante el juez, «empezamos a discutir y a forcejear. Saqué la navaja. Se abalanzó sobre mí y me la quitó y me cortó en la mano. La navaja se me cayó al sueloy la cogí. Le vi sangre en la mejilla, pero no sabía si era suya o mía».Durante esta exposición, Omar incurrió en varias contradicciones, como señaló Francisco Pascual, dirigente de Agetaxi, presente en el juicio. «Dice que no sabía si la sangre era del taxista o suya porque se había cortado un dedo, cuando le seccionó la yugular. No se sostiene. Y dice que el taxista le abrió la puerta en algún momento del forcejeo, cuando eso es imposible, ya que iba al volante mientras él iba detrás...». Pascual se mostró descontento con los interrogatorios de las acusaciones ya que consideró que podrían haber sido bastante más incisivos dado lo impreciso y equívoco de la versión proporcionada por el acusado.«Le hubiera ayudado»Omar relató que salió corriendo asustado sin tener constancia de que le había malherido. «No sabía que le había cortado en el cuello. Le vi sangre, pero pensé que podría ser mía» recordó. Pese a esa supuesta falta de conciencia de su crimen, si tuvo la prudencia de dirigirse a casa de un amigo para limpiarse y deshacerse de la ropa y la navaja. «Si hubiera sabido que estaba malherido le habría ayudado», trató de excusarse ayer.La versión de la fiscalía, por supuesto, fue distinta, aduciendo que a la altura del 90 de la calle Gomeznarro, el acusado procedió al atraco, amenazando al taxista con su navaja y que al resistirse este y aprovechando su situación de superioridad (por el arma y por su situación, a la espalda de la víctima) lo apuñaló reiteradamente y con suma violencia, hiriéndole en la base del cuello y seccionándole la yugular. A favor de la teoría del robo cuenta el hecho de que Omar huyó del vehículo llevándose 74,60 euros de la recaudación del día.Este diario publicó imágenes de Omar, extremo que ayudó a que el acusado se entregase, consciente de que su captura era cosa de horas o como mucho, días. «Soy Osmar Estevao y me buscan por la muerte del taxista», dijo a la Policía al entregarse, el 26 de octubre de 2007. Desde entonces hasta ahora, ha permanecido en prisión.