El Barça incapaz de sofocar la rebelión

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Vitoria- El sueño del Iurbentia Bilbao continúa a costa del campeón. La Copa, la competición de las sorpresas, deparó una mayúscula, aunque quizá no sea tanta sorpresa la derrota del Barcelona. No es ahora mejor equipo que los vizcaínos. Tiene más talento, pero como bloque no da la talla. Las genialidades de Lakovic pesaron menos que el colectivo que ha armado Txus Vidorreta. La sensación de la primera vuelta en la ACB –es el cuarto clasificado, empatado con el segundo y el tercero– también lo fue en la Copa. Ahora espera el Tau. La primera semifinal se dilucidará con un derbi vasco. Pocos equipos tienen los roles tan definidos como el Iurbentia Bilbao. En esa claridad de ideas está una de las razones de su gran temporada. Desde el presidente –Gorka Arrinda fue una de las estrellas en la grada durante la primera jornada– hasta el último jugador de la rotación sigue el camino trazado. Nadie intenta saltarse el guión y hacer más cosas de las que sabe. El único que tiene carta blanca para actuar a su antojo es Marcelinho Huertas. El brasileño marca el tiempo de los suyos y, además, defiende como el que más. Es capaz de muchas cosas. Puede conseguir que el equipo ataque con fluidez, como sucedió en el primer cuarto (24 puntos), o puede ser el primero en ponerse a defender, como en el segundo, cuando dejaron al Barça en la decena de puntos.

Los de Vidorreta llegaban a la Copa como la mejor defensa de la ACB. Si no lo pareció al principio fue porque estaban más preocupados de anotar. En el intercambio de canastas el Barcelona es superior a casi todos sus rivales. Los vizcaínos se percataron en apenas diez minutos de que ése no era el camino (24-24). Los azulgrana no necesitaban demasiado para no perder de vista al rival. Unos fogonazos de Lakovic y la actividad por la línea de fondo del Jugador Más Valioso de la pasada edición, Trías, bastaban para evitar sobresaltos.

Pero el Barça estaba muy lejos del equipo con el que vive obsesionado Ivanovic. La reaparición de Mario Kasun sólo servía para constatar que el croata tiene tan bien el corazón como mal la cabeza y el debut de Gary Neal aportaba poco más que dos buenas fotos en sendas acciones brillantes. Cada uno iba a lo suyo. Todo lo contrario que en el Iurbentia.

El regreso de Huertas aumentó la intensidad atrás y devolvió la frescura al ataque. Llegaron los primeros tirones (39-32, min. 19). Ese pequeño colchón sirvió para sobrevivir a la crisis anotadora del tercer cuarto. El Iurbentia anotó tres puntos en siete minutos y fue capaz de seguir mandando (42-41, min. 27). Revelador de la escasa estabilidad del campeón. En el Iurbentia todos los jugadores disfrutaban del partido. Un error en el Barça se pagaba con malas caras; en el otro bando un triple fallado por Recker, y que podía suponer diez puntos de ventaja, sólo recibía aplausos. Esa diferencia de actitud permitió a los vascos afrontar como habían soñado el último cuarto. Si había un error en ataque, se apretaba más atrás. Y con ese planteamiento llegaron con la máxima diferencia a los últimos tres minutos (66-56). Jaka Lakovic se empeñó en arreglar el desaguisado desde la línea de tres puntos, pero el esloveno estuvo demasiado solo.