El cine español a brazo partido con el Gobierno

El ministro de Cultura presentó ayer un informe que minimizaba la caída de espectadores del cine español, tal vez con la intención de hacer las paces con el sector, pero no surtió efecto: las relaciones siguen muy tensas

Penélope Cruz, en «Los abrazos rotos», la nueva película de Almodóvar, con un peor arranque en taquilla de lo deseado
Penélope Cruz, en «Los abrazos rotos», la nueva película de Almodóvar, con un peor arranque en taquilla de lo deseado

Las malas cifras del cine español traen de cabeza al sector y al ministerio de Cultura. César Antonio Molina presentó en el Consejo de Ministros de ayer un informe que «matizaba» los datos de 2008, en el que la producción nacional perdió cerca de 1,5 millones de espectadores y en el que, por primera vez, las ayudas directas del Estado, 85 millones, superaron la recaudación de las cintas nacionales, que apenas llegó a los 81. El informe achaca la pérdida de espectadores al mayor consumo de cine en el ámbito doméstico y augura un año favorable con películas «potencialmente» muy valiosas. Además, se felicitaba de haber alcanzado la cifra más alta de producción de los últimos años con 174 largometrajes, cuando los productores sostienen que ese es el principal problema de la escasa rentabilidad del sector. Las palabras del ministro «irritaron» aún más los ánimos que ya venían caldeados de la reunión que el pasado 25 de marzo mantuvieron el Ministerio y una veintena de representantes de la industria. Aquel encuentro descarriló cuando los productores y directores invitados, tradicionalmente afines al Gobierno, reprocharon al ministro que tras tres años y medio de gestación la Ley de Cine no se pueda aplicar por falta de publicación de la orden ministerial que contemple su desarrollo. Molina se tomó bastante mal los reproches, según los asistentes. Advirtió que él tenía una carrera a sus espaldas y estaba «de paso» por aquel despacho, y se escudó en que «en ningún país el peso de un ministro de Cultura en el Gobierno es muy importante». Algunos de los asistentes le manifestaron que esperaban que con un ejecutivo socialista esas cuestiones serían diferentes. Tensión ante ZapateroHabía fracasado así uno de los objetivos del Ministerio: impedir que el cine español hiciera patente su descontento con el Gobierno por la falta de compromiso hacia su principal prioridad ante Zapatero, a quien vieron al día siguiente en La Moncloa durante la entrega de la Gran Cruz de Alfonso X El Sabio al actor Manuel Alexandre. Eso sí, en la Casa de las Siete Chimeneas se han acelerado los trámites para que la orden ministerial esté disponible cuanto antes. Y es que el apoyo del sector fue importante en las dos elecciones que llevaron a la presidencia a Zapatero. La industria, sin embargo, tiene poca confianza en que el resultado del texto sea el esperado: «Cuando la ley entre el vigor, ya estará desfasada», apuntan algunos. La cara económica de El Deseo, Agustín Almodóvar, aseguraba ayer que «soy de los que está decepcionado por la tardanza. Ya se hicieron muchas concesiones durante la negociación de la ley a las televisiones para que no fueran hostiles y también a las salas». El sector observó falta de cintura en el ministro en ese cara a cara con los más poderosos del cine: «La situación no es fácil ni difícil, pero es lógica cuando se trata de un colectivo tan amplio como éste», apunta Enrique Cerezo, presidente de Egeda, la sociedad de gestión de los derechos de los productores, quien además asegura que «la relación está en punto muerto, pero hay que reconducirla». Buen balanceLas reacciones no se hicieron esperar ayer cuando Molina presumió ante los ministros de que la industria nacional se había mantenido en los últimos años (de los 14,10 millones de entradas de 1998 se pasó a 14,36 en 2008), mientras la asistencia a salas en España ha caído de los 119 a 107 millones de entradas en el último decenio. El productor Andrés Vicente Gómez, uno de los asistentes a la infausta cumbre y «sorprendido» ante el informe, contestó que «el problema es que se están haciendo películas de bajo coste. Sólo 40 películas del año pasado tuvieron un presupuesto superior a los 900.000 euros, eso quiere decir que el resto está por debajo, es decir, son pequeños documentales hechos por un hombre, una cámara y dos amigos. Este tipo de cine no se debería contabilizar». Y subraya que esta práctica «se está apoyando desde Cultura». Respecto a la cifra de la que alardea Molina, indica que «un país que tiene capacidad para producir 170 películas, si de verdad se hicieran pensando en la industria, de ellas habría al menos 15 o 20 que serían un éxito y otras tantas que triunfarían en festivales». Apuntó como dato que «de las 60 películas que me envían para votar en los Goya, sólo conozco a un par de directores». El alma mater de Lola Films también tiene respuesta a la «indudable proyección internacional» que se cita en el informe del Consejo de Ministros: «Cuando empecé, sólo se conocía fuera a Saura y Erice. Ahora hay una legión de directores que hacen grandes películas, incluso en Hollywood, pero la industria local está mucho peor». Ante las malas cifras, se planea, como informó LA RAZÓN, emprender una campaña de imagen.