El Cairo: Fascinante laberinto de contrastes

Caótico e intenso como buen zoco árabe. Pero también evocador y misterioso, acaso consecuencia de ese polvo omnipresente que lo envuelve y difumina y nos recuerda que estamos cerca del desierto. Olor a hierbabuena, canela y todo tipo de especias, concierto de cláxones y bocinas, muecines que llaman a la oración, vendedores ambulantes gritando sus mercancías, así es la capital egipcia, con más de 17 millones de almas, la ciudad más poblada (y quizás la más fascinante) de África; un bullicioso hormiguero de gente que, si nos dejamos arrastrar, nos conducirá hasta los últimos vericuetos cairotas. El Cairo antiguo (también conocido como Cairo islámico o Fatimida), ubicado en el interior de la ciudadela amurallada de Saladino (siglo XI), está formado por un entramado de calles retorcidas salpicadas de mezquitas (excepcionales las de Hassan, Mohammed Ali y Ahmed ibn Tulun), minaretes y zocos. Aquí se localizan viejas joyas de su historia: la puerta sur de Bab Zuwayla, el último resquicio de la vieja ciudad fatimí de Al-Qhira; y la que fue plaza pública principal en su apogeo medieval. Resulta imprescindible recorrer las callejuelas de El Jan el-Jalili, el zoco egipcio por antonomasia y, como tal, saturado de tenderetes, toldos, comerciantes y turistas. En sus puestos se venden y compran joyas, imitaciones faraónicas, alfombras y todo tipo de recuerdos. Es perfecto para regatear hasta la extenuación o perderse por sus laberínticas calles. Y también para probar un té en alguno de sus más típicos cafés. El Fishawi lleva abierto ininterrumpidamente 200 años, visita inexcusable en cualquier guía sobre la ciudad. Interior reducido (para algunos claustrofóbicos) y decorado con espejos de madera tallada y grandes lámparas de cristal, célebre, además, por haber sido inspiración del Premio Nobel de Literatura egipcio Naguib Mahfuz. Intramuros se encuentra también el barrio copto, un silencioso paréntesis en mitad del bullicioso espectáculo cairota. En este antiguo barrio cristiano hay que visitar el convento de San Jorge y las iglesias de San Sergio y de Santa Bárbara. Y si queda tiempo, y sobre todo fuerzas, tocará ir al Museo Egipcio para admirar, entre otras maravillas, la estatua de Kefrén o el tesoro de Tutankamon. nerario, habrá recorrido de tienda en tienda buena parte de la ciudad. Conocer el Boston histórico tampoco es complicado. El «Freedom Trail» («Sendero de la Libertad» o «Ruta Histórica de Boston») es aquí nuestro particular camino de baldosas amarillas. Entra y sale de los barrios históricos y se detiene en los lugares más emblemáticos. Un singular y ameno paseo urbano en una ruta histórico turística, con 17 paradas obligatorias que representan un escenario clave en el devenir de la ciudad y de la historia de los EE.UU. Se puede comenzar por el Boston Common, el parque más antiguo del país: primero cadalso de brujas y piratas, más tarde púlpito para revolucionarios y ahora lugar de esparcimiento urbano, conciertos y funciones de teatro. Luego se sucederán, a lo largo de casi cuatro kilómetros de recorrido, la casa del héroe local Paul Revere, la escuela donde estudió Benjamin Franklin, la antigua sede del gobierno colonial británico (Old State House, ahora Museo de la Revolución Americana), el Ayuntamiento o la iglesia donde se pronunció el primer discurso abolicionista.