África

Gadafi quiere setecientas italianas

El excéntrico dictador africano ha solicitado un gran encuentro con las mujeres más relevantes de Italia.

Muamar el Gadafi, en un una imagen de archivo de marzo
Muamar el Gadafi, en un una imagen de archivo de marzo

Muamar el Gadafi planta hoy su tienda beduina en Roma. Es la primera vez en sus 40 años en el poder que el líder libio viaja a Italia, la antigua potencia colonial que sometió a su país. Se trata de una visita muy especial, llena de significado político y oportunidades empresariales, por lo que el Gobierno de Silvio Berlusconi se ha plegado a todas las exigencias del controvertido coronel.
Gadafi quiere tomar el pulso a la sociedad italiana y para ello ha debido pensar que nada mejor que reunirse con sus mujeres.

Pero no sólo con una o con dos, el actual presidente de turno de la Unión Africana ha pedido que le preparen un encuentro con 700 italianas del mundo de la política, los negocios y la cultura. Roma ha aceptado sin rechistar y ha planeado una peculiar conferencia en el Auditorio de la Música de la capital. La legión femenina estará encabezada por la ministra de Igualdad, Mara Carfagna, quien antes de entrar en política se dedicaba a posar para calendarios de transportistas. Carfagna, que saltó a la fama cuando Berlusconi le dijo en televisión que se casaría con ella si no estuviese ya casado, asegura que será inflexible con Gadafi y le preguntará sobre la situación de sumisión que viven las mujeres en Libia y en el resto de África.
Además de en su peculiar encuentro con las 700 protagonistas de la sociedad italiana, el tiempo que el presidente libio pasará en Roma transcurrirá entre entrevistas con políticos y empresarios, además de una conferencia en la universidad La Sapienza. Su presencia en el más célebre ateneo romano no ha sido del gusto de los estudiantes, que no admiten que un dictador y ex promotor del terrorismo sea invitado a la universidad. Las asociaciones de alumnos prometen protestas contra el líder libio y contra el acuerdo firmado con Berlusconi, que permite la devolución inmediata de los inmigrantes que parten de las costas libias.
Gadafi quiere también reunirse con representantes de los miles de judíos que fueron expulsados de Libia y se refugiaron en Italia cuando, en 1967, estalló la Guerra de los Seis Días entre Israel y los países árabes. En su ambición por hablar con todos, el coronel ha cometido un error de calendario, ya que ha propuesto a la comunidad hebrea encontrase con ella el sábado, el día santo para la religión judía. «Ha fijado la cita de forma unilateral. Si no la cambia, me parece que va hacer el encuentro él solo», afirma Ricardo Pacifici, presidente de la comunidad hebrea de Roma.
Durante su visita, el líder libio se hospedará en un lujoso palacio de Villa Pamphili. En sus espléndidos jardines está ya instalada la tienda beduina donde recibirá a sus invitados. La zona está tomada por la Policía, que blindará la ciudad. Es tal la preocupación de Berlusconi por que nada empañe la visita que ha prohibido el vuelo de aviones sobre Roma durante el tiempo que dure su estancia.


Dos vecinos en busca de soluciones
Italia y Libia tienen hoy un interés vital por entenderse. La relación entre ambos vecinos tiene una nueva fase cuando, el año pasado, Silvio Berlusconi visitó Trípoli y pidió perdón por el colonialismo italiano. Su excusa estuvo aderezada por la promesa de invertir 200 millones de dólares en Libia durante los próximos 25 años. La mayor parte de ese dinero estará destinada a pagar la autovía que las empresas italianas realizarán a lo largo de toda la costa libia, uniendo Egipto y Túnez. A cambio, Roma ha conseguido prioridad para sus compañías energéticas y colaboración en la lucha contra la inmigración irregular que afecta a gran parte del país.