La corrupción hunde a Brown

La Razón
La Razón FOTO: La Razón

Londres- El primer ministro británico, Gordon Brown, ha tenido que pasar esta semana por la humillación de ser llamado el «Mister Bean» de la política. Que los propios diputados le digan a la cara que su gestión es cada vez más parecida a la del famoso cómico no es una simple anécdota. El hecho refleja cómo el «premier» no goza ya de ningún tipo de liderazgo ni fuera ni dentro de su partido. Las cosas en el laborismo no iban bien desde el «atasco» tras decidir que no convocaría elecciones, y ahora, el escándalo de las donativos, ha supuesto un auténtico mazazo. La donación de 858.000 euros que el empresario David Abrahams realizó a través de terceros y que ahora investiga Scotland Yard se ha convertido en un arma arrojadiza que pringa a todo el que está alrededor.

La mujer clave

En un primer momento, Harriet Harman fue la única persona que dijo haber aceptado parte del dinero. Sin embargo, la número dos del laborismo y líder, además, de la Cámara de los Comunes, ahora no quiere «morir» sola. La diputada acusó ayer al coordinador de la campaña de Brown para suceder a Tony Blair de haberle recomendado que aceptara un cheque de unos 7.000 euros pese a haber rechazado él mismo una donación de la misma persona. La bola de nieve acorrala al número 10 de Downing Street y ahora son muchos los que se preguntan por qué Brown no mencionó en la rueda de Prensa del martes que el propio empresario judío había llamado a sus colaboradores para informarles de que había una mujer, que resultó ser la secretaria de Abrahams, dispuesta a dar dinero a la campaña.

Para saber dónde ha quedado la credibilidad del laborismo sólo hay que echar un vistazo a los sondeos. Según «The Daily Telegraph», la oposición conservadora goza de la mayor diferencia registrada entre los dos partidos desde los años en los que Margaret Thatcher estaba al frente del Gobierno.