Literatura

La crisálida de Julián Ríos

La Razón
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Veinticinco años exactamente después de la publicación de «Larva», de Julián Rios, vuelve este escritor inclasificable al que se le llegó a culpar, incluso, de que en España se leyese poco. Inclasificable porque en su caso las palabras desarrollan una verdadera vida sexual reproduciéndose lasci- vamente y dando al texto nuevas criaturas –como «escrivivir»– y placer solitario. Aquel tuvo la oportunidad de aparecer en un momento, año 1983, en el que las listas de ventas eran todavía clandestinas y algunos subrayadores todavía no se habían acabado de leer «El capital». «Larva», o «Babel de una Noche de San Juan», por lo menos obligó a que todos los escritores opinaran sobre un libro del que es imposible explicar su argumento. Podría resumirse así: Babelle y Milalaias pasan una fiesta, o un baile de máscaras, en Londres. Mejor: una orgía, un «party» sin pasodoble. Fue la primera «novela experimental» española, pero algunos decían que, en el fondo, sólo era la versión «ciber» de «El Libro del Buen Amor». Rafael Conte quiso definir su irrupción visceralmente, haciendo amigos: la literatura española tenía dos puntos inencontrales, Arturo Pérez-Reverte y Julián Ríos. De no ser así, ¿quién le hubiese partido la cara a quién? Ahora vuelve Julián Ríos, decíamos, con un nuevo artefacto, «Cortejo de sombras» (Galaxia Gutenberg). Transcurre en un pueblo gallego, que es como decir el fin del mundo.