Historia

La Mata-Hari del desierto: una vida de película

L a Prensa no ahorró ingenio en sus titulares para referirse a Marga d¿Andurain. La llamaron «la Mata-Hari del desierto», «la condesa de los veinte crímenes», «la amazona de las arenas» y «Reina de Palmira». Los periódicos recogieron desde el principio la noticia de sus escándalos, los rumores que soplaban desde Oriente Medio y que envolvían su figura en un confuso halo que se perdía entre la realidad y la ficción. Pero ni los artículos ni los reportajes escritos con urgencia respondieron a la pregunta de quién era ella. El tiempo pasó y sepultó su nombre en el olvido. Sólo sobrevivieron los vestigios de las habladurías. ¿Espía británica? ¿Amante de Lawrence de Arabia? ¿Contrabandista de opio en Europa durante la Segunda Guerra Mundial? Su abrupta muerte, el 5 de noviembre de 1948 en Tánger, con 55 años, a bordo del velero «Djeilan», impidió contestar a los interrogantes. Jamás apareció su cuerpo. Desnuda por la arena Junto a las ruinas de Palmira, cerca de sus templos sin techo y columnas derrumbadas, aún se levanta el hotel Zenobia, que hace mucho hospedó a la novelista Agatha Christie y al rey Alfonso XIII. Hace cuatro años, la escritora Cristina Morató visitó este mismo lugar, cuando todavía no se habían acometido las obras y las estancias no resultaban habitables. Allí se encontró con el recuerdo indeleble de una antigua propietaria. Una tal «condesa Margot» de la que se decía que paseaba desnuda por las arenas y que trabó amistad con las tribus beduinas de alrededor. «Era una mujer rebelde, no sujeta a convencionalismos», comenta ahora, sentada en una de las habitaciones. Sobre la mesa reposa su nuevo libro: «Cautiva en Arabia» (Plaza & Janés), la biografía de Marga d¿Andurain. «Éste es el papel que me entregaron cuando estuve aquí». Es una cuartilla doblada, con una fotografía de dudosa claridad. En la primera línea se lee: «The countess Mangrete Donne De Ranne». «Hasta el nombre está mal. En ese momento no me creí lo que venía en el papel», asegura. La autora se ha adentrado en la vida de esta aventurera hoy desconocida, de figura delgada, rostro anguloso y formas coquetas que siempre vistió a la moda. En un primer momento arrojó la corta semblanza al fondo del bolso, pero más tarde volvió a reencontrarse con él. Investigó y descubrió que había tenido dos hijos y que uno de ellos, Jaques, vivía en una residencia cerca de París, tenía 92 años y era un héroe de la resistencia francesa. Marga d¿Andurain nació el 29 de mayo de 1893 y su carácter rebelde, desafiante ante los convencionalismos sociales, se manifestó desde el principio. Fue expulsada de diferentes escuelas y se le practicó un exorcismo para redimirla de su carácter anarquista. Sólo su matrimonio con Pierre D¿Andurain, un primo lejano que le sacaba doce años, la liberó de esa vida. Viaje a la Meca Con él viajó a España, Argelia y Argentina, donde su intención de vivir como ganaderos naufragó. Una herencia oportuna la encaminaría hacia Egipto, donde dirigiría el salón de belleza Mary Stuart que atraería muy pronto a las damas de la alta clase social. Para entonces ya trabajaría para el servicio de inteligencia británico. Fue un viaje a través de Oriente Medio, en compañía de W. F. Sinclair, jefe de la inteligencia británica en Haifa, lo que difundió su imagen de espía durante aquellos años. Con el mayor Sinclair llegó a Palmira, un lugar en el que sólo había beduinos y un destacamento de tropas francesas. Del Valle del Nilo al desierto sirio. Ahí se le ocurriría viajar a la Meca. En 1938 decidió contraer matrimonio con un beduino, Soleiman, para que la acompañara en su viaje de peregrinación. Al arribar en el puerto de Yidda, fue descubierta y se la encerró en el harén del vicegobernador. Pero la muerte repentina de su reciente marido (lo envenenaría ella) la llevó a afrontar un juicio. Sólo la intervención del cónsul francés la salvó de morir lapidada. Fue condenada a un exilio de un año y, al regresar a su Palmira, volvería a conocer la muerte de su primer marido. Le enterró y regresó a Europa. Su leyenda se acrecentó con la muerte de su sobrino. Fue arrestada, pero la liberaron por falta de pruebas. Si durante la Segunda Guerra Mundial había traficado con opio, después de la confrontación decidió ganarse la vida de igual manera, aunque con oro. Acabó muerta, aunque antes confesaría sus crímenes a su hijo. «Marga era muy moderna, adelantada a su época, pero acabó siendo víctima del personaje que había construido a su alrededor, aunque a ella le apasionaba meterse en esas aventuras descabelladas», concluye Morató.