Les cuento algo

La Razón
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He leído la gran entrevista de Francisco Marhuenda y Carmen Morodo a José María Aznar. No echa de menos el ejercicio activo de la política, pero reconoce que la lleva siempre consigo. Y es natural. Aznar ha evolucionado, pero en sus principios permanece inamovible. Sigo creyendo que los primeros seis años de su Gobierno fueron los mejores de nuestra joven democracia, y que la fortaleza de nuestro sistema financiero ha aguantado hasta el día de hoy gracias a las medidas que adoptó en su momento. Y sigo creyendo que Aznar representa lo opuesto a la mediocridad, porque supo rodearse de personas tan válidas o más que él mismo, lo que habla mucho y bien de su valor personal. Los mediocres se rodean de vulgaridades para destacar entre ellas. Sólo les ha faltado al Director de LA RAZÓN y a Carmen Morodo una pregunta al anterior Presidente del Gobierno, que de ser sincero en su respuesta se hubiera convertido en la noticia del día. Y yo se la voy a formular, respondiéndola más tarde sin faltar a la verdad, si bien se dejó querer en demasía y todavía no cumple los requisitos estatutarios para dar el paso. Un paso adelante que sería muy bien recibido. Aznar está en la política porque la política está en él, pero cumplirá su promesa de no dedicarse a su ejercicio activo. En unos años, Faes podrá producirle cansancio, y lo de la Universidad de Georgestown es muy prestigioso pero prescindible. Mi pregunta hubiera sido ésta. «¿Tiene usted alguna ilusión al margen de la política?». Y su respuesta sincera habría sonado afirmativa: «Sí». Ya lo saben. Aznar es persona escueta y no se anda por las ramas. Esa pregunta abre la puerta a otras. «¿Ilusión inmediata?». «No, pero en cuatro años, si me encontrara con fuerzas, intentaría cumplirla». «¿Tiene nombre esa ilusión?». «Lo tiene, y mundialmente conocido. El Real Madrid». Quien me animó a hurgarle las cosquillas en un almuerzo privado fue Ángel Acebes. Aznar hereda una nación en ruinas y la levanta. Previamente rompió el techo electoral del Partido Popular. Su respeto por el dinero público es notorio. Tiene autoridad y sabe mandar. Y sobre todo, es madridista hasta las cachas. El mundo del fútbol, y muy especialmente el Real Madrid, tiene que recuperar los viejos métodos de la honradez y el señorío. Creo que José María Aznar sería un gran presidente del Real Madrid, un cargo que exige cuatro condiciones. La afición, la honestidad, conocimiento de la economía y el dominio de la política. Lo siento por mis queridos Julián Redondo, Julián García-Candau, Eduardo Inda, Alfredo Relaño, José Antonio Abellán y demás sabios del periodismo deportivo. Os he pisado la noticia con cuatro años de adelanto. Y no espero una rectificación de José María Aznar, porque tengo testigos, entre ellos, Ángel Acebes, Mauricio Casals, el padre Guerra, y su propia esposa, Ana Botella. No he caído en la deslealtad de la confidencia privada, por cuanto no prometí guardarla en el silencio. Además, si Luis Miguel Dominguín se vistió apresuradamente después de proceder al fornicio con Ava Gad- ner «para contárselo a sus amigos», mi indiscreción es infinitamente más perdonable. ¿José María Aznar, futuro presidente del Real Madrid? A uno, que es madridista a muerte, le suena muy bien.