Literatura

Los andamios de un superventas

La Razón
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o es un escritor cualquiera. Es el autor de «Los pilares de la tierra». Poco importa que su nuevo trabajo supere las mil páginas y cueste treinta euros. Se vende hasta en las gasolineras. Ayer, en Vitoria, atrajo la atención de todos los medios de comunicación, los locales y los nacionales. Su presencia es un acontecimiento. Para que no se olvide, la ciudad ha decidido dedicarle una escultura en una de las calles, una idea que recuerda, ligeramente, a la de Woody Allen en Oviedo.

La inaugurará hoy y él no disimula su entusiasmo. «Todavía no la he visto. Sí me han enviado fotografías de algunas partes y me he reunido con el artista en diversas ocasiones. Le he tenido que entregar un traje, y él ya me advirtió que no me lo iba a devolver. También me pidieron las medidas de las manos. Las tuve que poner en una especie de molde. Tengo ganas de saber cómo va a salir. Mi familia está celosa con este proyecto, pero yo estoy encantado de tener una escultura en Vitoria».

 

Cimientos mentales

El autor compareció en una multitudinaria conferencia de prensa en la portada de la catedral para desgranar algunos secretos de su éxito. Explicó el origen de su novela y cómo se moldeó literariamente en su cabeza. «Existen muchos paralelismos entre la redacción de un libro y la construcción de una iglesia. En cierta manera me siento un poco identificado con Jack Builder (protagonista de «Los pilares de la tierra»), porque el proceso es semejante. Primero creas un plan, te imaginas cómo hacerlo y proyectarlo, asientas los cimientos y los levantas. Con las novelas ocurre igual, sólo que están basadas en una trama argumental», afirmó.

Después explicó su proceso creativo: «Las novelas cortas son una instantánea. A veces tardo seis meses en escribir un borrador, y otros seis en terminar la obra. En este caso, es más difícil, porque describo toda la vida de los personajes. Es mucho más enriquecedor para el lector, pero eso me consta una dura planificación. En ocasiones tardo un año en documentarme y en apuntar todos los detalles. Luego, a lo mejor me lleva un año el primer borrador», dijo Follett, que ahora mismo está escribiendo una obra de ficción ambientada en el siglo XX.

Los personajes de «Un mundo sin fin» proceden del volumen anterior y viven en la misma villa: Kingsbridge, un lugar que ya ocupa un espacio singular en el imaginario de miles de lectores. Pero necesitaba una idea para cuajar una estructura. La oportunidad se la brindó la catedral de Vitoria. Al contemplar sus grietas, sus pilastras apuntaladas, y los arcos fajones y formeros, unos restaurados y otros aún sujetos con tirantes para evitar su derrumbamiento, estableció una relación entre las enfermedades que padecen las poblaciones.

 

Espiando los defectos

Así, equiparó la peste al deterioro arquitectónico y cómo a través de la ciencia y la lógica –dejando atrás las supersticiones– los hombres pueden salvar su vida y también las de sus obras. «En este edificio encontré lo que buscaba. Los defectos de la catedral de Kingsbridge son los de la catedral de Vitoria. He espiado todos sus defectos y sus problemas estructurales y los he trasladado a mi catedral de Kingsbridge, aunque son, en realidad, los de la catedral de Vitoria».