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Los Desperdicios

La Razón
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No sé si os he hablado alguna vez de Los Desperdicios, el equipo de Fútbol 7 donde cada domingo un grupo de amiguetes nos quitamos la morriña, esperando ansiosos la cañita y el aperitivo pos partido. El nombre le salió del alma a uno de los integrantes mientras observaba los cuerpos de cuatro compañeros secándose tras la ducha. No quiero dar nombres por temor a represalias. El caso es que esta columna la estoy haciendo mientras sobrevolamos Bagdad camino de Dubai, donde nos espera un triangular. No sé ni el cómo ni el por qué, el caso es que Toni Muñoz volvió a hacer magia y lo que empezó medio de cachondeo fue tomando cuerpo hasta que algún olvidadizo tuvo la obligación de ir a sacarse el pasaporte caducado. En la urgencia de los preparativos surgió el nombre de dos posibles entrenadores para dirigir en la gira asiática a los descompensados cuerpos: Unai Emery y Marcelino, la nueva savia. Ellos, mejor que nadie, exprimirían las virtudes que nos quedan, como están haciendo con el Almería y con el Racing, que a estas alturas están con treintaytantos puntos, algo inimaginable en pretemporada.

Unai Emery, avalado por su juventud, por haber sido futbolista hace dos días y por ser un gran estratega, seguro que sacaría partido a Los Desperdicios a balón parado, hasta involucrarnos. Unai tuvo alguna opción, pero en las votaciones entre los asiduos al tercer tiempo de aperitivo y botellín no pasó finalmente el corte, pese a que nos asegurábamos que nos montaría un equipo con empaque.

Marcelino es un míster que antes de comenzar la temporada ya pide perdón a sus jugadores por las grandísimas exigencias que les solicita. Es otro de los devotos del club de la papilla, que obliga a sus jugadores a estar tres kilos por debajo de su peso. Por eso ya se entiende que Colsa, Pinillos y Luis Fernández tengan pinta de estar de extras con Pelé en «Evasión y victoria». Esos previsibles recortes en la dieta también dejaron fuera de la elección a un técnico que no es revelación porque ya se salió la pasada campaña con el Decano.

Ni Unai ni Marcelino pasaron el corte del referéndum. La votación fue clara y estuvo marcada porque nosotros estamos en una fase, comandada por el adorable, entrañable y nunca bien ponderado espíritu amateur, ese espíritu que no deberíamos perder nunca de profesionales, pero que a veces se pierde y se tarda en recuperar. Es complicado que nos convenzan de hacer restricciones y dietas estrictas. ¿Podría Marcelino conseguir implantar su inflexible y sacrificada metodología en un grande? Lo veremos, porque seguro que le dan esa oportunidad. Y a Unai. Nosotros teníamos la opción de nombrar a Abel, que ha reforzado a Los Desperdicios en Dubai, portero-entrenador. Abel es otro de los entrenadores buenos, como Marcelino y Unai, que lo demostrará cuando le den un proyecto serio, pero al Gato le dejamos parar y ostentar su récord Guiness de imbatibilidad y nombramos de técnicos, ante la ausencia del persa Kami, a Jesús «Milhouse» Marín y a Manolo «el Telefónica». Y, por cierto, la gira asiática de Los Desperdicios ha sido un éxito y nos llueven las ofertas para repetir en Oriente Próximo. ¡Cómo está el fútbol!