Eurocopa

Marea roja

Marea roja
Marea roja

En un amistoso preparatorio de esta Copa Confederaciones, que reúne a las selecciones campeonas de cada continente, más la del mundo (Italia) y la anfitriona (Sudáfrica), los italianos se impusieron a los neozelandeses con bastante fatiga (4-3). Ese resultado, abultado y estrecho, no invitaba a España a confiarse frente a su primer adversario en el torneo. No se abandonó, no le menospreció y a los 17 minutos de partido Fernando Torres ya había firmado tres goles, tres. No me atrevo a garantizarlo, pero una marca así, tres goles, tres, en una competición oficial presumo que es histórica. La cifra, eso sí, aderezada por el buen gusto español por el fútbol, infinitamente superior al de estos animosos e inmaduros «kiwis», incapaces de hacer frente al desafío español. Luis Fabiano, delantero centro que no es titular indiscutible ni con Brasil ni en el Sevilla, no entiende que la selección española ocupe el primer lugar en la clasificación de la FIFA, le parece injusto el liderazgo de un equipo que no ha ganado un Mundial. Esto último es cierto; España, todavía no lo ha ganado. Que le den tiempo, porque está en ello. Antes del 29 de junio de 2008 sus retos terminaban en los octavos o en los cuartos de final, en el mejor caso; desde entonces, este equipo campeón no conoce fronteras. Ausencias de titulares tan importantes como Iniesta y Senna no se notan; al menos, ayer, no. Hay fondo de armario para mantener el nivel de juego de la Eurocopa y un convencimiento en el triunfo, en las posibilidades, que antes de pasar por Austria y Suiza no existía. Xabi Alonso continúa creciendo, es un mediocentro maravilloso, sosegado y capaz que liga divinamente con el resto. Como Cesc. También con ellos España juega al fútbol sin perder un ápice de su recién adoptada y celebrada seña de identidad: el fútbol-espectáculo. Nueva Zelanda aguantó el tipo seis minutos, los que tardó Torres en ver la portería. «El Niño» abrió la veda y descubrió un filón. Enfrente veía camisetas, pero no rivales. El primer gol fue un lujo, un derechazo desde fuera del área que su par apreció cuando el balón dormía en la red. El segundo lo marcó a centro de Villa, el tipo ideal para encontrar huecos. El tercero fue producto de una triangulación entre Riera, Capdevila y él, con un cabezazo vigoroso y colocado. Sólo habían transcurrido 17 minutos: 0-3. Si importante en estos torneos es ganar el primer partido, no lo es menos hacerlo con solvencia. Y España da sobradas muestras de capacidad. Tiene recursos que, quizá, Luis Fabiano ignora. Y además, fútbol y futbolistas. Y a Vicente del Bosque, un entrenador que no ha hecho sino mantener todo aquello que con Luis Aragonés funcionaba, y subrayarlo. Seguro que no es casual que como seleccionador sume ya once victorias consecutivas, que en el caso de la selección son 33. Pero los récords sin brillo no alimentan el espíritu, aunque engorden las estadísticas. Podía temer «La Roja» el ímpetu de los neozelandeses, jugadores que aún están en mantillas y que suelen emplearse a fondo por culpa de su desconocimiento. Dicen de ellos que jugando al balompié son nobles y brutos. Ayer no hicieron el burro. Aguantaron el chaparrón español, encajaron el cuarto gol de Cesc, a centro de Capdevila, que estaba en todas, y observaron cómo de inmediato sus adversarios se relajaron. Quedaba un tiempo, ganaban (0-4) y aún hay que superar retos en esta Confecup; competición que, según la opinión de Herbert, el seleccionador de los «All Whites», debería ganar España. Tiene mérito su afirmación porque la pronunció antes del partido. Después, digerido el repaso y recuperando la respiración en la playa, tras sufrir los efectos tsunámicos de la marea roja, se reafirmaría en su convicción. Golear a selecciones como la de Azerbaiyán o la de Nueva Zelanda parece tarea fácil para España, cuyos jugadores, aun siendo conscientes de la pachanga, celebran los goles como una piña, mantienen los principios del equipo, otro pilar del éxito, y con abundantes dosis de fútbol y goles alimentan la esperanza de imponerse en apenas un año en otra competición de calado internacional. Y eso que la quinta diana ratificó el carácter amateur de los neozelandeses. Pero lo marcó Villa, a centro de Torres y por un fallo garrafal de un defensor. Con este tanto, Villa alcanzaba a Hierro (29) entre los máximos realizadores de la selección. El siguiente reto es Raúl, el «top», con 44. Con el encuentro resuelto, Del Bosque hizo cambios, entraron Arbeloa, Cazorla y Silva, por Ramos, Xavi y Torres, y Casillas continuó siendo espectador de excepción. El siguiente obstáculo en el camino de España es Irak, que en el partido inaugural empató a cero con Sudáfrica, el anfitrión. «La Roja» no encontrará más rivales que Italia y Brasil, para contestar a Luis Fabiano.