«Me voy con la cabeza bien alta»

El ex presidente tomó su decisión «en contra de la voluntad de todos los miembros de la junta directiva».

Ramón Calderón, con toda su junta directiva en primera fila, anunció ayer oficialmente su dimisión en una conferencia de prensa a las 18:00 horas. Lo primero que hizo en su comparecencia fue reiterar su honradez y expresar que «entrega su cabeza», en favor de Vicente Boluda», en pos de la paz social de la entidad.
«Como dije en mi última comparecencia ni soy un cobarde ni tengo nada que ocultar. Quiero reiterar mi juramento solemne sobre la falsedad de lo que hayan podido leer sobre mi participación o conocimiento directo o indirecto de lo sucedido en la última Asamblea de compromisarios», dijo, matizando que toma la decisión «en contra de la opinión y voluntad de todos los miembros de la junta directiva, con la única intención y esperanza de que la entrega de mi cabeza tan perseguida, por cierto, desde el inicio de mi mandato, ayude a pacificar a una masa social permanentemente alterada y convulsa ante las informaciones que reciben diariamente y que han sido divulgadas con el más absoluto desprecio a los códigos morales».
Por dos veces, al comienzo y al final de su alocución, afirmó que se marcha «con la cabeza bien alta», aunque lamentó que hubieran ganado los que buscaron su marcha: «Me voy con las manos limpias, con la conciencia tranquila, con mucho menos dinero y salud y con un profundo orgullo de haber servido al club más importante del mundo. Creo sinceramente que el éxito de los que han buscado desesperadamente mi marcha es también el triunfo de la injusticia y de la maldad».
Calderón no ocultó que ha cometido «errores, pero nunca irregularidades y siempre como consecuencia de mis limitaciones. En ningún caso con intenciones espurias ni buscando un beneficio personal».
Calderón pidió dos cosas antes de marcharse. A los socios y simpatizantes madridistas que permanecieran «unidos en torno al nuevo presidente y el ánimo y aliento a los jugadores». Y un «último favor»: «Un respeto para mi familia».
Precisamente, el agradecimiento a su familia fue lo que quebró la voz de Calderón, sumamente emocionado al explicar que en la decisión que ayer tomó «ha pesado muchísimo el acoso al que están siendo sometidos y el sufrimiento que ello les está produciendo». «A mi madre y hermanos, pero sobre todo a Teresa, una mujer excepcional sin la que nunca hubiera conseguido nada en mi vida y que ha sido capaz de sufrir y aceptar en silencio con abnegación y cariño todos los sinsabores, ausencias y problemas derivados de este cargo. Y a mis hijos, Leticia, Jaime y Mariana, que no solamente han sufrido por lo que le ha estado ocurriendo a su padre sino porque se han visto permanentemente agredidos y calumniados y de los que se han utilizado, impunemente, sus fotografías y datos personales sin escrúpulo».
Por último, Calderón se comprometió a «apoyar» a sus sucesores renunciando a cualquier «actitud obstruccionista».