Rajoy ofrece gestión en Cataluña y tiende la mano a votantes de CiU y PSC

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Con poderío, en el cinturón obrero barcelonés, con la grada llena y entregada como pocas veces se ha visto en esta campaña. Mariano Rajoy puso ayer la guinda al despliegue de su partido en Cataluña ante estas elecciones. Desde Ángel Acebes, Eduardo Zaplana, Esperanza Aguirre o Manuel Pizarro hasta Alberto Ruiz Gallardón. Por esta comunidad ha pasado la plana mayor sin exclusiones ni vetos, a diferencia de los tiempos de Josep Piqué, cuando no eran bien vistos aquellos dirigentes que el entonces presidente del PP catalán consideraba que no daban la imagen «centrista» que él perseguía. El PP sabe que no puede hacer nada en las elecciones del domingo sin mejorar sus resultados en Cataluña: aspira a ganar un escaño en Barcelona y otro en Gerona, y a que también caiga de su lado el último escaño en disputa en Lérida.

El candidato tiró de toda su artillería para poner el lazo al trabajo realizado por su formación: encuentro con mujeres al modelo del programa «Tengo una pregunta para usted», mitin almuerzo y hasta la primera fotografía junto al ex director general del Fondo Monetario Internacional Rodrigo Rato. Rato fue el artífice del pacto de gobernabilidad del 96 con CiU y PNV y sigue estando muy bien considerado en esa comunidad autónoma. Ayer fue el cartel con el que el candidato ofreció gestión y una política económica como la de la etapa de Aznar.

Rajoy cuidó las formas y también el mensaje, de manera que sin desdecirse de la reivindicación de ninguno de sus principios, tampoco cargó las tintas contra el nuevo Estatuto de Cataluña para no despertar ese voto de rechazo del que hablan los expertos y que tanto preocupa a algunos de sus asesores, como el sociólogo Pedro Arriola.

Esta estrategia la completó con un petición expresa de apoyo a los votantes de CiU y del PSC que se sienten defraudados y «que no entienden nada» sobre cómo se están gestionando las cosas en Cataluña o en el Gobierno central. Según avanzaba la campaña, los reclamos a los «desencantados» con el PSOE se han hecho más insistentes hasta convertirse en la piedra angular en la que el PP cifra la victoria del 9-M. El lema de Rajoy para la recta final no puede ser más directo: «si están mejor que hace cuatro años, voten a Zapatero; si están peor, cambien y den su voto al PP».

Además, llamó a la movilización de los suyos para que acudan a las urnas el 9-M: que las encuestas insistan en situar por delante al PSOE, aunque sea con una mínima ventaja, puede llevar a una bolsa de votantes a dar por perdido el partido por adelantado y no acudir a las urnas. «Si queréis podemos ganar las elecciones, todo está pendiente. En cada circunscripción se elige un escaño. Vamos a ser la voz de los que no tienen voz. Vamos a dar la batalla y el domingo la vamos a ganar», proclamó. Con Rato como metáfora del modelo de gobierno que hará, el líder del PP prometió a Cataluña certidumbre y confianza frente a las ocurrencias y las improvisaciones, al tiempo que hurgó en la herida que Fomento y las obras del AVE han dejado en la imagen de Zapatero. Justo ayer se repitieron los problemas en la red de Cercanías por un apagón en Barcelona. «Yo creo en Cataluña como motor de progreso y generadora de riqueza. Apoyaré a las empresas y apostaré por las infraestructuras», proclamó.

Citó a España y a la Nación de ciudadanos libres e iguales sin hacer de esto el eje de un discurso en el que el candidato del PP también incluyó, como no podía ser de otra manera, su compromiso con que los padres puedan elegir la lengua vehicular de enseñanza de sus hijos. «Es un problema de libertad», sentenció. Al mitin asistió el ciudadano multado por rotular en castellano y del que habló en el segundo debate.

Como había hecho en Levante y en Aragón, en Cataluña habló del agua y del trasvase de la sobrante, sin citarlo expresamente.