Tirados en la cuneta y al borde de la muerte

Madrid- Tirado en la cuneta, Adolfo tiene la mandíbula dislocada y la cadera y el rabo fracturados. Le ha atropellado un coche, no tiene hogar, no tiene chip, ni nadie ha preguntado por él ni le ha echado en falta. Pero cuando a Isabel Rodríguez, de El Arca de Noé Sevilla, la avisan de este caso, ella sólo piensa en cómo ayudarle y, cuanto antes, mejor.El primer paso es intervenirle quirúrgicamente para acabar con la tortura que sufre el animal; después, Isabel se encargará de buscarle una casa de acogida al principio y, con suerte, un dueño después. Todo de forma completamente altruista.

Espigas en los ojosLas mismas ganas de salvar a los animales tiene Nuria Martín, de la APAP La Guarida. «La verdad es que mira que hemos visto horrores, pero nunca nos hemos enfrentado a un caso tan duro, se nos revolvían las tripas cuando vimos el estado en el que estaba», cuenta Nuria al acordarse de Manu, un cruce de caniche recogido en Puente Genil, Córdoba. «Estaba muerto de hambre, no podía ponerse en pie y tenía el cuerpo cubierto de garrapatas. Además, las espigas se le habían metido por los ojos y la nariz y le habían creado una infección terrible en las patas. Al hacerle una radiografía en el veterinario, observamos que, además, tenía el cuerpo lleno de perdigones …». Isabel y Nuria no se rinden al encontrarse animales en situaciones tan extremas. «Manu me miró con resignación, como si pensara "no me puede pasar nada más". Pero había un rayo de esperanza, no intentó ni escaparse, ni mordernos, nada», explica Nuria a LA RAZÓN. Al hablar del problema que existe en España con los animales abandonados, Isabel sabe que «nosotros ponemos parches, no soluciones». Y es que ambas comparten la idea de que las soluciones tendrían que venir de las administraciones, en forma de esterilizaciones, controles, concienciación, respeto y más regulaciones a la hora de adquirir un animal doméstico.Su tarea diaria de difusión y búsqueda constante de colaboración se ve facilitada por dos hechos: internet, que se ha convertido en una magnífica herramienta de comunicación por la velocidad con la que realizan las peticiones de ayuda en casos urgentes y la cantidad de personas que reciben la petición de ayuda al mismo tiempo, y la solidaridad de las personas.

Urgencias llenas«Sin esas pequeñas donaciones, esa gente que te deja su casa de forma desinteresada para acoger de forma temporal los que rescatamos o la colaboración de los voluntarios, sería imposible nuestra labor», reconoce Isabel. De hecho, ni Nuria ni Isabel se olvidan de citar la ayuda que reciben a menudo de algunas personas que apoyan su causa, como el veterinario que colabora en cada protectora andaluza. «Le tenemos las urgencias llenas, nos deja ir pagando poco a poco… menos mal», suspira Nuria.