Música

Un disco en estado de trance

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uienes habían escuchado el álbum mantenían la boca cerrada. Graham Nash fue el único oyente, entre estos privilegiados, dispuesto a hablar a los preocupados lectores y asegurarles que, aunque el Pepper «en la primera audición [es] un poco decepcionante… en la segunda, tercera y cuarta, te das cuenta de que saben exactamente adónde se dirigen, y que son inteligentes, y tan concienzudos que intentarán arrastrar a sus admiradores con ellos». Y no es que Nash hubiese escuchado el álbum con el mismo ánimo que un fan adolescente normal, cuyo tocadiscos mono Dansette daba menos zumo que una licuadora.

Graham Nash: «Epstein me mandó una cinta [de avance] de cuarto de pulgada, y resultó que habían venido a visitarme desde América los Turtles, a quienes invité a fumar un hash increíble. Me aseguré de que estuviesen atentos, y [entonces] les puse el álbum. Y aquello les alteró».

El método de apreciación del álbum por parte de Nash fue rápidamente adoptado por aquellos que buscaban «sintonizar» con el elepé y también consigo mismos. La reputación del álbum –tanto entonces como ahora– podría probablemente dividirse entre aquellos que lo escucharon por vez primera estando drogados y los que lo hicieron estando sobrios. Ésta fue una cuestión importante desde el día mismo de su publicación, motivando que por lo menos un crítico cuestionara las facultades de aquellos que equiparaban la psicodelia con una acrecentada percepción sensorial. (...)

 

Experiencia psicodélica

Paul McCartney: Cuando [Martin] hacía su programa de televisión sobre Pepper, me preguntó: «¿Sabes qué motivó el Peppers?». Le dije: «En una palabra, George… la hierba». [MYFN] Dicho de otro modo, fue un álbum hecho por personas que iban drogadas, pero que no alucinaban (exceptuando los lapsos de Lennon muy al final). La «experiencia psicodélica» a la que se refiere el entusiasta MacDonald fue totalmente impuesta sobre el álbum ya finalizado, que, con la posible excepción de «Lucy in the Sky with Diamonds» se había planeado para que resultara interesante a todo bicho viviente, a los que se drogaban y a los que no. Pero es que también en la tierra de los sobrios el Pepper estaba llamado a generar comentarios.

Como conjeturó Derek Jewell en su reseña de la época para el Sunday Times, «los Beatles producen actualmente interpretaciones, no música para bailar. [Así pues,] ¿les seguirán los críos?». Jewell presumiblemente dudaba de que dichos «críos» leyeran su crítica en el Times. Tenían sus semanarios musicales para decirles quién era antipático y quién era enrollado. (...)

Pese a no ser la más científica de las muestras, la página de cartas en los números de julio y agosto de Beatles Monthly indicó que eran casi exclusivamente «fans» femeninas las que se sentían decepcionadas por el sargento psicodélico. Jean Crosley no tenía dudas sobre el bodrio más claro del álbum, rechazando la contribución de Harrison y tachándola de «un montón de ruidos enloquecidos sin ninguna melodía». Por otra parte, Chrissie Wright pensaba que Lennon era el culpable por «incluir cosas como "Being for the Benefit of Mr. Kite"y "Good Morning, Good Morning"en un disco y fingir que son música realmente buena». Jan Williams añoraba a «los Beatles que conocimos antes de que enloquecieran totalmente y empezaran a componer basura», mientras que Joanne Tremlett encapsuló todas las inquietudes de Ann, Chrissie, Jan y Jean: «los Beatles deberían dejar de ser tan listos y darnos melodías que podamos disfrutar».

 

Pasados de rosca

¿Podría darse el caso de que los Beatles se hubieran pasado de rosca en la producción de su nuevo álbum? Ciertamente, el hecho de que Beatles Monthly recibiera tal flujo de apreciaciones negativas, sobre todo femeninas, es indicador de que toda división entre música para chicos y música para chicas –esa división que los Beatles tanto habían contribuido a desdibujar– había regresado con vehemencia. Si entre el público de los clubes «underground» todavía tenían predicamento las bellezas beatniks, la música «drogota» que Goldstein denigraba iba a parecerse cada vez más a un club sólo para chicos.

Los propios Beatles empezaron a preocuparse por el modo como el álbum se estaba interpretando en círculos cada vez más obtusos. McCartney, que originalmente había impulsado a la banda en una dirección muy pretenciosa, posteriormente se retractó, diciendo que se daba cuenta de que «en la época de Sgt. Pepper, hasta el New York Times empezó a publicar artículos tratando de evaluar y analizar nuestra música. Creo que esa clase de análisis acabó con mucho de lo que estaba pasando». El socio de Paul en las composiciones fue más rápido en el contraataque. John todavía sentía ese viejo picor antiintelectualizante, y le gustaba rascarse de vez en cuando; sobre todo cuando su presuntuosa amante no lo estaba mirando:

John Lennon: «Está bien que a la gente le guste, pero cuando empiezan a ‘‘apreciarlo'' y se ponen a sacar conclusiones profundas de todo ello convirtiéndolo en otra cosa, entonces es todo un montón de mierda. Demuestra lo que siempre hemos pensado del mal llamado arte. Que es un montón de mierda… Apuesto a que Picasso hace trampas. Apuesto a que lleva ochenta años partiéndose de risa».