Una burla a la censura china

Una burla a la censura china
Una burla a la censura china

Las autoridades chinas consideran a Lou Ye como «persona non grata» y no le dan permiso oficial para rodar en su propio país. Quizá por eso, «Spring Fever», primer título proyectado a competición, empieza con una explícita escena de sexo homosexual, insólita en una cinematografía tan pacata y puritana. Se nota que Ye, que ha filmado «Spring Fever» con producción francesa, quiere tocarle las narices a la censura china. No es que la película pretenda ser un retrato de lo difícil que es ser gay en un país comunista. No es un filme de denuncia, sino un análisis de lo importante y lo complejo del acto de amar, o de los extraños mecanismos del deseo. Oscuras motivacionesAnte tarea tan ambiciosa, intenta desarrollar una historia circular en la que los intercambios amorosos se entrecruzan y se reflejan mutuamente en un juego de movimientos simétricos. Es una pena que, tan preocupado como está por respetar las confusiones del corazón, se olvide de crear un lazo entre el espectador y sus personajes, cuyas oscuras motivaciones producen más bostezos que emociones. Mucho más conseguida es la británica «Fish Tank», en la que Andrea Arnold feminiza la figura icónica del «angry young man» sin caer en los tópicos del cine de Loach y derivados. Ante todo, la película es el retrato de Mia (extraordinaria la debutante Katie Jarvis), una chica de 15 años que sólo logra relacionarse con el mundo y consigo misma mientras baila hip-hop en solitario. «Fish Tank» podría ser, también, una versión de «Rosetta» rodada en los paisajes degradados de Essex, pero Arnold no adopta el agresivo estilo de los Dardenne porque prefiere extraer belleza de los colores y los gestos de sus personajes. Con todo, Arnold explora a fondo el conflicto que se le presenta a Mia con la aparición de Connor, el nuevo novio de su madre, sin resultar obvia. No sabe, eso sí, cortar a tiempo, y el metraje del filme excede el de sus necesidades dramáticas.