Y Michelle destronó a Bruni

El G-20 es el centro de atención, pero «la otra cumbre» se ocupa de las primeras damas, las recepciones y las cenas.

La primera dama estadounidense, Michelle Obama (i), y Sarah Brown, esposa del primer ministro británico, Gordon Brown
La primera dama estadounidense, Michelle Obama (i), y Sarah Brown, esposa del primer ministro británico, Gordon Brown

Londres- El punto de unión entre lo «serio» y lo «glamuroso» se encuentra en el matrimonio Obama. Por cuestiones políticas –se trata del primer viaje a Europa del presidente norteamericano– y por razones populares –la aclamada Carla Bruni no está presente–, los inquilinos de la Casa Blanca recibieron ayer todo tipo de honores excepcionales. Empezando por Downing Street. A primera hora de la mañana y amenazados aún por el «jet lag», el matrimonio Obama llegó al número 10 para reunirse con el primer ministro, Gordon Brown, y su esposa. Tras salir de su coche oficial, conocido como «La Bestia», el recibimiento se analizó con lupa, ya que era la primera vez que losmandatarios volvían a coincidir tras la polémica «entrega de regalos» que tuvo lugar en Washington el mes pasado. Mientras Brown eligió escrupulosamente unos presentes para el presidente y su familia, el norteamericano le despachó con una colección de películas, y el episodio fue duramente criticado por la prensa británica. Quizás por eso, Obama quiso dar muestras de afecto llamando a Brown por su nombre de pila y pasándole la mano sobre el hombro, en muestra de «colegueo», ya dentro del número 10. Mientras ellos hablaban de asuntos de Estado, ellas visitaron un centro contra el cáncer al sur de Londres. Al igual que su marido, Sarah Brown no dispone de ninguna habilidad social, pero por cuestiones de protocolo es la encargada de velar del bienestar de las damas. La mañana con Michelle fue más bien escueta, ya que, después de la rueda de prensa que ofició su marido para caldear el G-20, la pareja se reunió con el líder de la oposición, David Cameron, y su mujer. El encuentro no llegó a la media hora, pero las risueñas imágenes que ambos políticos protagonizaron dieron lugar a más de una interpretación, ya que el «tory» es el favorito para ganar las elecciones en 2010.Ya por la tarde, al mismo tiempo que Brown recibía en Downing Street uno a uno al resto de los mandatarios, Michelle se cambiaba de nuevo de atuendo para acudir a una recepción en Buckingham Palace. En menos de 48 horas, la primera dama lució hasta cuatro modelos diferentes. Antela ausencia de Carla Bruni y Sonsoles Espinosa, alabada aquí por los estilistas más escrupulosos, Michelle se ha quedado prácticamente sin competidoras. La soberana no quiso perder ocasión de conocer al matrimonio y les invitó a tomar el té antes de que llegaran a Palacio el resto de los líderes, entre los que también se encontraba José Luis Rodríguez Zapatero. Obama respondió regalando a Isabel II un moderno IPod. La jornada terminó con una cena en Downing Street, en la que Michelle volvió a ser la estrella. Todo el mundo quería sentarse a su lado, pero las afortunadas fueron la rica autora de Harry Potter, J.K. Rowling y la medallista olímpica Kelly Holmes. La comida estuvo a cargo del restaurador Jamie Oliver, famoso por cocinar con las manos. Ante las críticas del pasado encuentro del G-8, donde se sirvieron 18 platos mientras se debatía la hambruna, el chef rebajó a ocho, con opción vegetariana para los musulmanes. El cocinero intentó estar tranquilo, pero los nervios podían con él. No porque su menú no gustara, sino porque su mujer salía de cuentas anoche y por seguridad no le permitieron tener conectado su teléfono móvil.

Té inglés para la primera damaMichelle Obama: falda verde, una chaqueta rosa de lentejuelas, taconessalmón, perlas al cuello y pulseras informales. Sarah Brown: sobrio traje de chaqueta azul sin apenas complementos. Las dos damas protagonistas de la «cumbre paralela» de la reunión del G-20 visitaron ayer un centro de asistencia a enfermos de cáncer y sus familiares, llamado Maggie's Cancer Caring Centre, para felicitarles en su primer aniversario. Mientras sus maridos conversaban sobre los asuntos de Estado, ellascharlaron con los pacientes y con otras dos mujeres en un área dedicada a tratamientos de belleza y maquillaje para estos enfermos. La primera dama mencionó a su «maravillosa» maquilladora, de la que dijo que presta servicios voluntarios para una organización similar enEstados Unidos. Michelle regaló al centro un libro sobre la Casa Blanca y un bloc de notas con remates de plata. La primera dama norteamericanaestuvo de lo más cercana con el personal y se presentó con su nombre de pila. Como despedida, compartieron un té «typical English» y unpastel de chocolate en el que se leía «Feliz primer cumpleaños,Maggie's».