El coronavirus, el nuevo enemigo en la guerra libia

La pandemia llega al país en pleno recrudecimiento de los combates en Trípoli y amenaza con propagarse ante la falta de sanitarios y de higiene

FILE PHOTO: Dead bodies are seen in a hospital following an attack on a military academy, in Tripoli
Cadáveres apilados en un hospital de Trípoli en una imagen de archivo FOTO: Ismail Zetouni Reuters

Turquía ha dejado vacante una plaza en la contienda de Siria para ocuparla en la guerra de Libia. Mientras en la devastada Idlib se mantiene el alto el fuego, acordado hace un mes por Moscú y Ankara, para reducir las bajas de soldados turcos en el norte de Siria, en el este de Libia se han recrudecido los combates.

Junto con Italia, Turquía es el primer país de la región que ha enviado tropas y mercenarios a Libia para apoyar al Gobierno de Acuerdo Nacional de Libia (GAN), reconocido por la ONU, y acorralado por el mariscal Jalifa Haftar, con apoyo de Rusia y Arabia Saudí, que amenaza con tomar la capital, Trípoli. El GAN y el Ejército Nacional Sirio (LNA) de Haftar mostraron su disposición a aceptar una tregua a principios de marzo, que se convirtió en papel mojado, ya que el ejército del GAN, con apoyo de Turquía, inició el 26 de marzo la operación “Tormenta de Paz” para expulsar a las milicias de Haftar del sur de Trípoli.

En un mensaje reciente, el presidente del GNA, Fayez al Serraj, advirtió de que la ofensiva proseguirá hasta “liberar todas las ciudades secuestradas”.

Guerra entre grandes potencias

Los intereses de Ankara en Libia son más económicos que de ámbito militar. El presidente Recep Tayyip Erdogan le ha puesto el ojo a las grandes reservas de petróleo y gas libios, que, además de ser una atractiva inversión para empresas turcas, es una alternativa al gas ruso e iraní, de los que depende ahora Turquía. Si ganara la guerra Haftar, que cuenta con el apoyo de Egipto y países del Golfo, Ankara perdería las concesiones y contratos para la explotación de los recursos energéticos libios.

El recrudecimiento de los combates llega en un delicado momento, como es el de la aparición de la pandemia del coronavirus, que hasta la fecha ha dejado 48 casos y un muerto. Pero la ONU teme que podría propagarse la epidemia del coronavirus, lo que sería devastador para Libia con los servicios médicos e infraestructuras hospitalarias devastados por casi una década de conflicto. Y a pesar de sus llamamientos a “una pausa humanitaria” para hacer frente al Covid-19, continúan los combates para ocupar la capital.

En la última semana, las fuerzas del GNA han recapturado la estratégica ciudad mediterránea de Sorman, donde las milicias de Haftar tenían importantes bases militares. El avance de las fuerzas reconocidas por la ONU no habría sido posible sin la inyección militar turca. En el otro bando están Rusia y Arabia Saudí, que no quieren perder la oportunidad de ganar influencia en el petrolero estado libio y apoyan a las milicias del mariscal Haftar, que han contraatacado con lanzamiento de decenas de cohetes sobre Trípoli.

Si bien la Unión Europea (UE) apoya al gobierno de Fayez al Sarraj, Francia se ha decantado por Haftar en un intento de obtener mayores beneficios en el campo de los recursos energéticos, ya que siempre ha sido el principal benefactor del gas y petróleo libios, explotados por su multinacional Total Fine.

Se aleja la tregua

Por tanto, las posibilidades de regresar a la tregua, pactada en enero pasado en Berlín, son muy escasas, después de que el presidente del GNA declarara que ya no negociará una solución política con el general opositor. “Habíamos aceptado un alto el fuego y una tregua humanitaria. Esperábamos que el peligro vinculado a la epidemia de coronavirus transformara por una vez a Haftar en un hombre de palabra", lamentó el presidente libio. “Siempre hemos buscado resolver nuestras disputas a través de un proceso político, pero cada acuerdo ha sido violado inmediatamente por Haftar”, agregó Al Sarraj.

La ofensiva sobre Trípoli, que comenzó en abril de 2019, ha dejado cientos de muertos y más de 200.000 desplazados. En un comunicado, el Comité Internacional de Cruz Roja (CICR) lamentó las duras condiciones en las que trabajan los médicos, que se ven incapaces de luchar contra el Covid-19 ante la gran cantidad de heridos que llegan a los hospitales, víctimas de los combates en los alrededores de la capital.

“Hoy en día, algunos profesionales médicos que necesitan capacitación sobre los protocolos de prevención de infecciones con Covid-19 siguen siendo llamados nuevamente al frente para tratar a los heridos. Las clínicas y los hospitales están saturados atendiendo a heridos de guerra y personas con enfermedades crónicas, por lo que su capacidad para recibir pacientes con coronavirus es limitada. Necesitan más apoyo y recursos para enfrentar este desafío", advirtió Willem de Jonge, jefe de operaciones del CICR para Libia.

Por otro lado se mantiene el drama de los refugiados. A pesar de las divisiones políticas en el seno de los Veintisiete, los europeos están luchando por formar un frente común en la crisis de los migrantes que tratan de llegar a Europa. Recientemente, la UE puso en marcha la operación Irini, con un despliegue aeronaval que sustituirá a la “operación Sofía” en el Mediterráneo central. El objetivo será asegurar que se cumple el embargo internacional de armas sobre Libia y luchar contra las redes de traficantes de personas.