Robar niños, el lucrativo negocio del mercado negro en Kenia

Los ladrones de menores son desde oportunistas vulnerables a criminales de una banda organizada

Imagen de archivo de una adolescente en KeniaBrian IngangaAP

En Kenia, donde la pobreza impera, uno de los negocios más lucrativos es el tráfico de bebés. Es común en barrios pobres de la capital, Nairobi, donde se roban o compran bebés de madres normalmente en situación de pobreza y en la calle.

Los niños robados pueden acabar en rituales de brujería, en manos de una pareja que busca adoptar, de secuestradores que buscan rescates de familias desesperadas o son forzados a trabajar. Los niños en Kenia pueden llegar a venderse por hasta 2.000 y 3.000 dólares dependiendo de su género, raza y tribu, mucho más que los 1.246 dólares de ingresos anuales que gana el keniano medio.

Un equipo de periodistas de la BBC ha investigado durante un año el tráfico de niños en Nairobi. Comienza su reportaje con la historia de Rebecca, cuyo hijo fue robado en 2011 cuando tenía un año y pocos meses. Ella era entonces una adolescente de 16 y aquella noche había esnifado un pañuelo empapado de queroseno. Vivía en la calle desde los 15, cuando su familia dejó de poder pagarle los estudios. Conoció a un hombre mayor que ella, sucumbió a promesas de que se casaría con ella, se quedó embarazada... y sola. Nueve años después sigue sin saber nada de su primer hijo, sigue viviendo en la calle y ha sido madre tres veces más.

No es complicado encontrar más casos como el suyo entre mujeres sin hogar. El hijo de Esther desapareció cuando tenía tres años en agosto de 2018. “Nunca he vuelto a estar en paz desde que perdí a mi hijo, o busqué hasta en Mombasa”.

El equipo de la BBC “Africa Eye” ha encontrado pruebas de la venta de niños de madres sin hogar, casos de tráfico de niños en una clínica en la periferia de Nairobi y niños robados a demanda en un hospital gubernamental.

Los ladrones de bebés, cuentan, son desde oportunistas vulnerables a criminales de una banda organizada. La BBC se puso en contacto con Anita, una de esas oportunistas que llega a vender a niñas por algo menos de 400 euros y niños por algo más de 600. Desconoce el destino de esos niños tras la venta. Pero también están involucrados funcionarios corruptos, como demuestra la investigación. Uno de ellos ofrece un niño supuestamente abandonado a una periodista que finge buscar adoptar. Los menores abandonados deben ser llevados a un centro del gobierno, para ser colocados formalmente con familias de acogida que hayan pasado por una verificación e investigación de antecedentes. Pero cuando son vendidos ilegalmente, nadie sabe realmente dónde terminan.

Haciendo pasar por una mujer llamada Rose, una reportera encubierta que trabaja para Africa Eye se encuentra con un funcionario que trabaja en un hospital gubernamental en una oficina cerca del centro. Le hace preguntas superficiales sobre su estado. Ella responde que está casada pero que no puede concebir y que la familia de su marido la está presionando para que dé a luz. “¿Has probado la adopción?” pregunta el funcionario. “Lo hemos pensado, pero parece un poco complicado”, responde ella, Todo arreglado por 300.000 chelines (algo más de 32000 euros).

No hay estadísticas fiables sobre la trata de menores en Kenia. Las agencias que se encargan de buscar a los desaparecidos carecen de medios y de personal. Una de ellas es Missing Child Kenya, una ONG fundada y dirigida por Maryana Munyendo, que en cuatro años ha trabajado en 600 casos. Munyendo explica que la fuerza motora de este mercado negro es el estigma cultural que persiste entorno a la infertilidad. “La infertilidad no es una cosa buena para una mujer en un matrimonio africano, se espera que tengas un hijo y debe ser un varón. Si no puedes te arriesgas a que te expulsen de tu hogar, así que ¿qué haces? Robas un niño”, explica.