Irán

Rohani no consigue frenar las mayores protestas en Irán desde 2009

A pesar de la represión del régimen iraní, las manifestaciones contra el elevado coste de la vida siguen extendiéndose por todo el país y ya se han cobrado 12 muertos

Varios iraníes afectados por el gas lacrimógeno lanzado por la Policía en una de las protestas en Teherán este fin de semana en el que se han producido los primeros muertos
Varios iraníes afectados por el gas lacrimógeno lanzado por la Policía en una de las protestas en Teherán este fin de semana en el que se han producido los primeros muertoslarazon

A pesar de la represión del régimen iraní, las manifestaciones contra el elevado coste de la vida siguen extendiéndose por todo el país y ya se han cobrado 12 muertos.

Las protestas callejeras contra el elevado coste de la vida en Irán se han multiplicado desde que estallaron el 28 de diciembre, y han alcanzando ya tres grandes ciudades como Tabriz, Shiraz e Ispahan. En más de 50 localidades por todo el país se han registrado manifestaciones en lo que constituye sin duda la crisis más grande desde la de 2009, cuando el opositor Movimiento Verde se lanzó a la calle contra la reelección del presidente Mahmud Ahmadineyad.

En un hecho bastante inusual, la propia televisión estatal confirmó que en el marco de las algaradas murieron doce personas mientras que 300 han sido detenidas. La televisión iraní mostró imágenes de edificios en llamas y de personal sanitario intentando prestar ayuda a una persona herida en medio de una multitud. «Algunos manifestantes armados trataron de tomar control de algunas comisarías de policía y bases militares, pero se toparon con seria la resistencia de las Fuerzas de Seguridad», informó el canal.

Manifestantes atacaron símbolos del régimen, incluidas las temidas «Basij», las milicias encargadas de la represión interna. Otros incendiaron contenedores de basura y rompieron los cristales de algunos bancos. En la ciudad de Arak, golpearon a once policías y acuchillaron a otro, que se encuentra hospitalizado en estado grave.

El presidente Hasan Rohani amenazó con serias medidas de represión y advirtió de que, aunque «se puede criticar a las autoridades», la situación actual podría conducir a una represión de grandes proporciones. Las autoridades anunciaron que restringirían el acceso a la aplicación de mensajes Telegram y a Instagram y ya ha habido bloqueos de internet a través de los móviles, pero en muchas zonas se siguió usando las redes sociales para pedir ampliar las protestas.

Las manifestaciones, que comenzaron en la ciudad de Mashhad, fueron inicialmente una expresión de descontento por el alza de la carestía de la vida, el alto paro (que entre los jóvenes alcanza casi el 40%) y la difícil situación económica del país. Hay un gran descontento también por el hecho de que, contrariamente a lo esperado y prometido, el acuerdo nuclear suscrito con las potencias occidentales en 2015 no ha arrojado los frutos pensados ni ha llevado al país un aluvión de inversiones internacional.

Rápidamente las protestas se convirtieron en manifestaciones en las que el elemento principal parece ser las críticas políticas al régimen con eslóganes contra sus principales figuras, incluido el líder supremo, el ayatolá Ali Jamenei. Se han podido ver imágenes suyas destruidas en diferentes partes del país al ritmo de cánticos como «¡Muerte al dictador!» y exigiendo su dimisión.

Ayer, según informó el experto en asuntos árabes del canal 12 de la televisión israelí Ehud Yaari, apareció por primera vez un llamamiento explícito sin precedentes: la revisión del plebiscito llevado a cabo hace 35 años, tras el derrocamiento del Shah Pahlevi que culminó con la instauración de la República Islámica. Al comienzo de las protestas hubo un símbolo claro: mujeres que optaron por manifestarse sin el velo, lo que demuestra que no es un elemento económico sino contra una imposición religiosa.

Ayer se oyeron claramente cánticos por «la independencia y la libertad». Un mensaje que se repite desde hace días es la crítica dura y directa al régimen por destinar sumar millonarias de dinero a Siria y Hizbulá, mientras dentro del país hay graves problemas económicos. A pesar de ello, diversos analistas iraníes estiman que el punto central sigue siendo el económico, aunque también consideran la posibilidad de que sectores ultraconservadores opuestos a Rohani hayan sido los instigadores de algunas protestas para complicarle la situación.

Jamenei no ha dicho nada en público. Rohani intentó en un primer momento quitar hierro a la gravedad de la revuelta, señalando que «que «las críticas y la protesta son una oportunidad, no una amenaza». Después, el tono ha cambiado. En un comunicado desde el portal de la presidencia aseguró que «la nación se ocupará de esta minoría que canta eslóganes contra la ley y los deseos del pueblo, insultando lo sagrado y los valores de la revolución».

Rohani acusó directamente a Arabia Saudí de haber organizado y promovido esta crisis «para de-sestabilizar a Irán» y aseguró que cuenta para ello con el apoyo directo de Israel y Estados Unidos. Desde el sábado, el presidente Donald Trump ha publicado varios mensajes en Twitter en los que ha criticado a las autoridades. Ayer dijo que los iraníes «están hambrientos de comida y libertad». Mientras, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, comentó que dicha acusación «es falsa» y expresó su pesar por el hecho de que «varios gobiernos europeos guardan silencio ante las imágenes de heroicos jóvenes iraníes golpeados en las calles» .

En un pleno extraordinario, el Parlamento iraní reconoció que se ha producido un deterioro de la confianza de la población por el aumento de coste de la vida, la política económica y los casos de corrupción revelados.