El ultraderechista Bolsonaro, nuevo presidente de Brasil

Con el 55% de los votos, el candidato de ultraderecha derrota a Fernando Haddad, del Partido de los Trabajadores, tras una campaña crispada que ha polarizado a la sociedad brasileña

Bolsonaro saluda a sus seguidores en Barra de Tijuca, en Río de Janeiro
Bolsonaro saluda a sus seguidores en Barra de Tijuca, en Río de Janeiro

Por primera vez desde la caída de la dictadura en 1985 un militar (en la reserva) vuelve a la presidencia del país más grande de Latinoamérica.

Miles de personas salieron a las calles anoche cerca de la residencia de Jair Bolsonaro en Rio de Janeiro para celebrar una victoria histórica. Por primera vez desde la caída de la dictadura en 1985 un militar (en la reserva) vuelve a la presidencia del país más grande de Latinoamérica. Con casi el 56% de los votos Bolsonaro, de 63 años, derrotó holgadamente al candidato del Partido de los Trabajadores, Fernando Haddad (44%), que ve así frustrado el sueño de devolver el poder al PT de Lula tras la traumática salida de la presidencia de Dilma Rousseff en 2016.

Brasil entra a partir de hoy en una nueva y desconocida dimensión. En medio de una crisis que restó casi el 8% del PIB en dos años y en un clima de profunda indignación por la corrupción y la inseguridad ciudadana, los brasileños dieron el poder al candidato que prometía mano firme y regeneración. De nada han servido los mensajes del PT en los que alertaba del peligro de autoritarismo de Bolsonaro, un nostálgico de la dictadura que ha prometido acabar con la izquierda en Brasil.

Haddad no consiguió remontar en la campaña, lastrado por el sentimiento de odio, muy extendido entre la población, contra Lula, encarcelado por corrupción pasiva y visto como el máximo responsable de la gran maquinaria que desvió miles de millones de forma ilícita.

Los 147 millones de brasileños llamados a las urnas también eligieron ayer en segunda vuelta a los gobernadores de 14 de los 27 Estados del país, que dibujarán el mapa político con el que lidiará el nuevo presidente a partir de su toma de posesión el 1 de enero. Pese a la derrota presidencial, los partidos de izquierda fortalecieron su presencia en las regiones al obtener el mandato de 9 estados en Brasil.

En su primera intervención pública desde su casa, el presidente electo –que fue apuñalado en plena campaña por un desequilibrado– prometió formar un Gobierno constitucional y democrático: "Mi Gobierno será defensor de la Constitución, de la democracia y de la libertad. No es la promesa de un partido, es un juramento a Dios", dijo. También aseguró que va a cumplir todas sus promesas electorales, entre las que figura legalizar el porte de armas para reducir la violencia y eliminar la burocracia para que los emprendedores, dijo, puedan construir «un nuevo futuro para los brasileños». Otra de las medidas anunciadas es la reforma del sistema de pensiones, considerado de forma casi unánime como insostenible.

«Somos todos un solo país, una sola nación», proclamó anoche lanzando un mensaje conciliador muy alejado de las consignas furiosas contra sus rivales políticos, a los que prometió encarcelar y expulsar del país. Eso sí, no perdió la oportunidad para repetir la idea de que Brasil corría el riesgo de ser la nueva Venezuela: "No podemos seguir coqueteando con el socialismo, con el comunismo, el populismo o el extremismo de izquierda”.

«Vamos a recuperar el respeto internacional para Brasil», añadió, y «vamos a buscar alianzas con países que nos den valor añadido», arengó a los brasileños. Con el semblante serio, como si no hubiera ganado la batalla más importante de su vida, Bolsonaro –que compareció junto a su esposa– prometió «un gobierno decente» y «la preservación de los valores de la familia».

«El voto de ayer fue una enmienda a la totalidad del sistema», según el analista político brasileño Leandro Machado. Hay un hartazgo generalizado contra el Partido de los Trabajadores, pero también contra el resto de la clase política, que es vista como una mafia corrupta. La rabia contra el deterioro institucional, la sanidad y la educación deficientes y el miedo a la creciente inseguridad en las calles han actuado como palancas para millones de desencantados que quieren un cambio radical.

Con su voto, los electores han decidido que la persona que puede lograr ese cambio es este ex capitán de paracaidistas, cuyo discurso populista caló no solo entre las clases medias y altas, sino también entre muchos pobres que padecen la dureza de una crisis interminable. «Son los seguidores de Lula, y no los de la derecha clásica, o los nuevos votantes incorporados a la causa anti PT, los que han provocado la victoria de Bolsonaro», decía ayer el catedrático de la UNED Gustavo Palomares.

La tarea del nuevo presidente será colosal. Además de arreglar la economía, se le exigirá que reduzca la violencia y regenere las instituciones. El ganador no tendrá un cheque en blanco. Las elecciones al Congreso del 7 de octubre dejaron una Cámara Baja muy dividida, con 30 partidos y ninguno con más del 12%. El PT, pese a perder más de diez asientos, seguirá siendo la primera fuerza con 56 escaños, seguido del PSL, el partido de Bolsonaro. En el Senado, igualmente fragmentado con 21 partidos, el PT pasará a ser la quinta fuerza con seis senadores y cuatro para el PSL, que no tenía ninguno.

Lo que viene a partir de ahora genera confusión. El ganador no ha ofrecido un plan detallado para reducir el déficit fiscal, cercano al 8%, ni cómo va a mejorar las prestaciones sociales ni a pacificar las calles del país. Tampoco ha planteado cómo va a cerrar las heridas de un país que sale muy dividido de estas elecciones.

Su equipo de militares

Bolsonaro ya ha dicho que pondrá a varios militares en la reserva al frente de ministerios como el de Defensa y el de Tecnología. Para el de Economía su elección ha sido el economista Paulo Guedes, de la Escuela de Chicago, conocido por su ultraliberalismo y partidario de la privatización total de las empresas públicas.

Anoche medio Brasil se sumió en la tristeza y la desolación. El otro medio estalló en alegría. «Somos un gran país y ahora vamos juntos a transformarlo en una gran nación, libre, democrática y próspera», sentenció Jair Messias Bolsonaro, que cerró el discurso de ganador con su lema ya habitual de «Dios por encima de todos»