Política

Crimea, el origen de todas las batallas

Escenario de los enfrentamientos entre Occidente y Oriente, la península del mar del Norte alberga la flota naval rusa y es un enclave geoestratégico de primera magnitud

LA GUERRA DE CRIMEA. Los ejércitos británico y francés luchan en Sebastopol contra los rusos en 1854-55
LA GUERRA DE CRIMEA. Los ejércitos británico y francés luchan en Sebastopol contra los rusos en 1854-55

Crimea ha sido históricamente un crisol de culturas. Desde la época del Imperio Romano, ha cambiado de manos en múltiples ocasiones. Zona de paso de diferentes pueblos nómadas, desde el siglo XV fue territorio del Kánato de Crimea, bajo el poder de tribus túrquicas musulmanas, aliadas del Imperio Otomano, con capital en Bakchisaray, cerca de la actual Sebastopol. En 1783, tras varios años de guerra, el territorio pasó a manos del Imperio Ruso, y fue repoblada con campesinos rusos, que convivieron con los tártaros que continuaron residiendo en la península del mar del Norte. Entre 1854 y 1856 fue escenario de la Guerra de Crimea entre la alianza francesa, británica y otomana contra el Imperio Ruso. Sebastopol sufrió un asedio de once meses antes de caer en manos de franceses y británicos, lo que valió su primer título de «Ciudad Heróica».

Durante la Guerra civil rusa posterior a la revolución bolchevique de Octubre de 1917, la península de Crimea fue el cuartel general del Ejército blanco, donde los monárquicos y leales al zar resistieron hasta su derrota de 1921. Ese año se instauró la República Autónoma de Crimea, integrada en la Unión Soviética. Durante la Segunda Guerra Mundial, Crimea sufrió la ocupación del Ejército alemán durante casi tres años, y Sebastopol padeció su segundo asedio en menos de un siglo. Tras la caída de la ciudad, la mayoría de los defensores y ciudadanos de esta ciudad fueron masacrados por las tropas nazis. Aunque un gran número de tártaros de Crimea lucharon en las filas del Ejército rojo, Josef Stalin acusó a todo el pueblo tártaro de Crimea de colaboracionismo con el invasor, y decretó su deportación a Asia Central y Siberia. Sólo a partir del derrumbe de la Unión Soviética, un gran número de ellos y sus descendientes han regresado a la península, donde suponen el 15% de la población. En la ciudad crimeana de Yalta, tuvo lugar en febrero de 1945 la «Conferencia de Yalta» entre los líderes de las naciones aliadas, el primer ministro británico, Winston Churchill; el presidente de Estados Unidos, Franklin D. Roossevelt, y el propio Stalin, en la que discutieron las medidas a tomar ante la inminente derrota de Hitler. Las tensiones entre los aliados en dicha reunión se considera historicamente como el principio de la Guerra Fría.

En 1954, tras la muerte de Stalin, Nikita Jrushov, secretario del Soviet Supremo, cedió el territorio, que había sido parte de la República Socialista de Rusia, a la República Socialista de Ucrania. Aunque étnicamente la mayoría de la población es rusa, durante el proceso de independencia de Ucrania en 1991, se decidió la permanencia de la península como República Autónoma dentro de ese país. Esto provocó el acuerdo de 1997 por el que Rusia conservó su base naval de Sebastopol, clave para su acceso militar al mar Negro y al Mediterráneo Oriental, donde también tiene una base naval en Siria. El acuerdo fue renovado hasta 2042 por el depuesto presidente Yanukovich en 2010, a cambio de un descuento en el precio del gas ruso que se vende a Ucrania. En la mentalidad rusa, Crimea es más que su patio trasero, es su territorio.