Culturismo en Afganistán, músculos para escapar de la guerra

El culturista afgano Mahmoud Farahi posa ante el jurado en una ronda del décimo campeonato Mister Afganistán.
El culturista afgano Mahmoud Farahi posa ante el jurado en una ronda del décimo campeonato Mister Afganistán.

En un país en el que miles de jóvenes sufren las consecuencias de la guerra, el gimnasio, sudar y trabajar duro el cuerpo es una alternativa para cientos de afganos que han encontrado una solución muy occidental para huir del desempleo, la drogadicción y hasta el conflicto armado.

Alrededor de 650 deportistas participaron la pasada semana en el concurso nacional de culturismo, organizado por la Federación de Culturismo y Fitness de Afganistán (AFBFF), un número enorme para un país sometido desde hace años a una guerra que refleja el crecimiento del número de jóvenes que acuden al gimnasio para esculpir bíceps y quitarse michelines.

Tras superar varias rondas en seis categoría, el décimo Míster Afganistán es un muchacho de 22 años, Mahmoud Farahi, natural de la provincia occidental de Farah, fronteriza con Irán y conocida por la gran actividad insurgente de grupos talibanes y otras facciones yihadistas.

Farahi estuvo encerrado seis años, pero no en un zulo sino en un gimnasio en el que se sometió a una rigurosa dieta para preparar la competición nacional.

"Pasé los momentos más duros de mi vida para prepararme para el concurso. Durante siete meses estuve en estricto régimen de culturista: nada de pan, ni azúcar, ni comidas aceitosas, solo seis kilos de pollo, 30 huevos y algunos kilos de fruta al día", indicó en declaraciones a Efe.

Lo peor fueron los últimos 20 días del régimen, dijo Farahi, rememorando que redujo su peso de 130 a 104 kilos en tres meses.

"No comí sal durante 20 días consecutivos, ni agua ni bebidas durante cinco días y tres noches seguidas sin dormir. La última fue un infierno, incluso lloré, debido al dolor de mi cuerpo y a la sed", dijo.

"Pero lo olvidé todo cuando el juez me declaró Míster Afganistán", indicó Farahi.

Dice que no solo es levantar las pesas lo que te lleva a forjar los músculos, sino obedecer todas las reglas del deporte para prepararte para la dura competición.

"El culturismo no es solo mi pasión, ahora es mi forma de vida", dijo.

Farahi dice que la guerra ha afectado todo en la vida de Afganistán, un país que por otra parte ha visto como las cifras de drogadicción han venido aumentando.

De acuerdo con la Encuesta Nacional de Drogas de Afganistán en 2014, presentada en mayo, alrededor de un 11 % de los 30 millones de afganos consume drogas.

"Deberíamos usar la influencia y la magia del deporte para evitar que más jóvenes se vuelvan insurgentes y drogadictos", dijo.

"Solo vemos en televisión cosas de la guerra, si aumentamos la fortaleza del deporte un día el poder del deporte derrotará al poder de la guerra", indicó.

Pese a la persecución a todo lo que huele a occidental en el país, el culturismo fue tolerado incluso durante el Gobierno talibán, aunque solo para hombres que vistieran pantalones largos y en unos pocos gimnasios.

El número de gimnasios ha saltado a 1.750 en los últimos años, solo en Kabul se puede hacer culturismo en 300 centros, según la AFBFF.

Esa afición llegó tras el colapso del régimen talibán y la instalación de un nuevo gobierno: jóvenes que trabajaban para oenegés y tropas extranjeras comenzaron a realizar actividades propias de los foráneos, entre ellas el culturismo, indico a Efe Khwaja Homayoon Sediqi, propietario de un gimnasio en Kabul.

"El culturismo se ha vuelto más que nada una moda para los jóvenes orgullosos de ello", indicó, agregando que hoy más familias creen que para los jóvenes "meterse en un gimnasio significa protección de las drogas y de los malos hábitos".

Noor Ahmad, entrenador de culturismo y propietario del gimnasio Khair-Khana de Kabul, dijo que de los primeros 400 jóvenes que entraron a su negocio 300 eran empleados de contingentes y organizaciones extranjeras. "Ahora de 800, 600 son chicos normales", indicó.

Sin embargo, los gastos diarios de los culturistas para mantener el régimen ascienden a 50 dólares, "son el principal problema"para que muchos jóvenes puedan meterse en gimnasios a entrenar, indicó a Efe el director de la AFBFF, Bawar Hotak.

Míster Afganistán también está preocupado por el dinero: "si no encuentro fuentes de financiación, tendré que dejarlo", afirma.

No obstante, el campeón tiene previsto participar en el campeonato de culturismo de Asia en Uzbekistán y en un torneo internacional en Tailandia en los próximos cuatro meses.

"Mi siguiente objetivo es traer un título de Asia para mostrarle al mundo que Afganistán no es solo un país de drogadictos e insurgentes, hay todavía gente aquí que quiere paz", indicó.