Del Brexit al Bregret

Un día después de decir adiós a la UE, muchos británicos se lamentan. Ayer acuñaron el término Bregret con la «B» de Britain y «regret» (arrepentimiento).

Malestar europeísta. Manifestantes a favor de la permanencia de Reino Unido en la UE protestan contra el resultado del referéndum frente a la Cámara de los Comunes, ayer en Londres
Malestar europeísta. Manifestantes a favor de la permanencia de Reino Unido en la UE protestan contra el resultado del referéndum frente a la Cámara de los Comunes, ayer en Londres

Un día después de decir adiós a la UE, muchos británicos se lamentan. Ayer acuñaron el término Bregret con la «B» de Britain y «regret» (arrepentimiento).

Después del Brexit llegó el Bregret. El nuevo término –que incluye la palabra «arrepentimiento» en inglés con una «B» inicial que simboliza «Britain»– protagonizó ayer las redes sociales, programas de radio, debates de televisión y conversaciones entre vecinos. Miles de ciudadanos admitieron ayer públicamente que «lamentan» ahora haber votado para salir de la Unión Europea. Reino Unido sigue en estado de «shock» después de que los euroescépticos lograran el 51,9% de los votos frente al 48,1% que apostó por la permanencia.

La sociedad está completamente dividida. Nadie acaba de creerlo. Ni tan siquiera los mismos que depositaron la papeleta en la urna del «out». Las predicciones se han cumplido y ahora que la libra ha caído a niveles no vistos desde 1985, que los escoceses preparan una nueva consulta sobre la independencia, que los católicos norirlandeses reclaman su adhesión a la República de Irlanda, que el Gobierno se ha quedado sin líder... Comienzan a entender las verdaderas repercusiones de un voto que ha conmocionado al continente.

Un portavoz de la Comisión Electoral confirmó ayer que en las últimas horas habían recibido miles de llamadas de personas que preguntaban si podían cambiar su decisión. El clima en el que se ha celebrado el plebiscito, con la crisis migratoria, problemas económicos en la zona euro y las dificultades internas con el Sistema Nacional de Salud (NHS) no han ayudado y, en este sentido, tal y como señaló ayer el ex «premier» Tony Blair, la campaña por la permanencia había fallado en explicar a la gente que la consulta «no era un voto protesta contra el Ejecutivo o el ‘establishment’». Mandy Suthi, una estudiante que votó por el Brexit, reconocía ayer que, si pudiera retroceder, votaría por quedarse, «simplemente porque ahora la realidad está haciendo mella». La joven confesó que toda su familia, que también había apoyado el Brexit, está «muy decepcionada». «Ojalá tuviéramos la oportunidad de votar de nuevo», añadió.

Khembe Gibbons, de Bury St. Edmunds, en el condado de Suffolk, dijo en Twitter que se sentía «robada» de su sufragio después de que el líder del eurófobo UKIP, Nigel Farage, reconociera que fue «un error» la promesa de campaña de que el dinero que se ahorraría al salir de la UE se invertiría en el NHS. «Hemos dejado la UE, David Cameron ha dimitido, nos hemos quedado con Boris y Nigel ha admitido que la promesa sobre el NHS era una mentira», escribió. «Yo personalmente voté creyendo esas mentiras, y me arrepiento mucho, me siento robada de mi voto», añadió. Otro británico, llamado Adam, declaró a la BBC que votó por el Brexit pensando que iba a ganar la permanencia. «Ahora estoy conmocionado. Nunca pensé que sucedería. No pensé que mi voto fuera a tener importancia, porque estaba convencido de que íbamos a quedarnos», declaró.

Una petición ciudadana ante el Parlamento para que Reino Unido celebre otro referéndum había recogido, al cierre de esta edición, más de 2,5 millones de firmas. La página web de la Cámara de los Comunes llegó a colapsarse por el alto número de personas que entraron para adherirse a la propuesta. El texto, impulsado por un ciudadano que se identificó como William Oliver Healey, pide a los diputados la «implementación de una norma por la cual, si el voto por salir o quedarse está por debajo del 60%, con una participación inferior al 75%, debería convocarse otro referéndum».

Lo cierto es que la consulta del pasado jueves no era vinculante. La mayoría de los diputados en Westminster son eurófilos y técnicamente podrían votar en contra de la legislación necesaria para activar el divorcio. Hace sólo unos días, este escenario se valoraba como un suicidio político al ir contra de los deseos expresados democráticamente por la sociedad. Pero si ahora es la sociedad la que reclama una segunda consulta, la vía podría valorarse cuando los parlamentarios se reúnan el martes por primera vez tras el referéndum.

En el barrio londinense de Kensington y Chelsea, donde se encuentra la Oficina Irlandesa de Pasaportes, las largas colas con esperas de más de 45 minutos, no frenaron a los cientos de británicos con ascendencia irlandesa que buscan ahora de alguna manera seguir permaneciendo en la UE. «No quiero perder mi libertad para vivir y trabajar en 28 países distintos y espero que mi abuela irlandesa me ayude», declaraba Jonathan Potts. La dueña de una tienda, Caroline Palmer, está incluso planteándose emigrar a Irlanda. «Es como despertar en un sueño horroroso de la derecha. Estoy alucinando con el resultado», señaló.