Después de tanto

La Razón
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100 días en la Casa Blanca dan para que el intrépido timonel haya demostrado lo evidente. Que tiene madera de estrella. Que promete y no golpea. Que a tuits no le tose nadie. Cuando apagan las cámaras de su enésima representación, después de firmar tantos papeles en blanco, sólo hay humo. Un guateque de tambores lejanos. Un turbión de promesas rotas. Juró que levantaría un muro colosal en la frontera con México. O mejor, rematar el que existe. Y, ¿saben?, está a unos días de envainárselo. Quería sustituir el Obamacare. Ahí sigue. Compuesto y sin alternativa. Incapaz de seducir a su bancada. «Nadie imaginaba que lo de la atención sanitaria fuera tan complicado», comentó. Sus portavoces subrayaron que la suya fue la toma de posesión con más audiencia de la historia. ¿Cierto? Claro. Pero siempre que busques entre el detritus de los llamados hechos alternativos. O trolas. Qué decir de las cifras económicas. Un crecimiento en el primer trimestre de 2017 del 0.7%. El peor de los últimos tres años. ¿Su flamante asesor de Seguridad Nacional, el general Michael Flynn? Dimitió por cortesía de los rusos. ¿La supuesta injerencia de los servicios secretos de Putin en las elecciones de 2016? Investigada por el FBI, que todavía ata cabos. ¿El espionaje al que le habría sometido Obama? Tan falso como aquella moneda que de mano en mano va. La rueda de prensa junto a Merkel luce como el perfecto manual de la descortesía. Y así. Puede vanagloriarse de haber sacado adelante el nombramiento del juez Neil Gorsuch para el Supremo, que no es poco. Aunque no suficiente. Ahora bien. No dedicará un centavo a la investigación del cambio climático y, en cambio, prepara unos presupuestos que podrían multiplicar el déficit. Lo escribió Hierro. Ya saben. Grito «¡Todo!», y el eco dice «¡Nada!».