El día que Beethoven se enfrentó a Maduro

LA RAZÓN visita la escuela de música donde estudiaba Armando Cañizales, asesinado en Caracas. Amaba la música y soñaba con ser cardiólogo, pero una bala en medio de una protesta convirtió a este joven de 18 años en el nuevo símbolo de la violencia del régimen

LA RAZÓN visita la escuela de música donde estudiaba Armando Cañizales, asesinado en Caracas

El asesinato de Armando Cañizales, joven violista de 18 años integrante del prestigioso Sistema de Orquestas de Venezuela, fue la gota que rebasó el vaso e hizo que el maestro internacional Gustavo Dudamel se desmarcara de la represión y exigiera al presidente Nicolás Maduro que «rectifique y escuche la voz del pueblo».

Gustavo Dudamel es calificado en el mundo como el «director que rejuveneció la música clásica» y actualmente dirige la Filarmónica de Los Ángeles, la Sinfónica de Gotemburgo y la Orquesta Simón Bolívar en Venezuela. Pero no fue su talento lo que muchos criticaron en él, hasta ahora, sino su postura neutral en lo referente a la política venezolana. Dudamel, protegido de Hugo Chávez, se forjó en el mismo Sistema de Orquestas de Venezuela en el que estudiaba Armando

A mediados de abril, cuando se iniciaron las protestas en Venezuela, Dudamel pidió que los líderes políticos de su país encontraran las vías para solucionar la crisis en Venezuela. Pero el asesinato de uno de los suyos: músico, joven, talento y miembro de El Sistema lo llevó a redactar un texto duro. «Mi vida entera la he dedicado a la música y al arte como forma de transformar las sociedades. Levanto mi voz en contra de la violencia y la represión. Nada puede justificar el derramamiento de sangre. Ya basta de desatender el justo clamor de un pueblo sofocado por una intolerable crisis. Históricamente el pueblo venezolano ha sido un pueblo luchador pero jamás violento. Para que la democracia sea sana debe haber respeto y entendimiento verdadero. La democracia no puede estar construida a la medida de un gobierno particular porque dejaría de ser democracia. El ejercicio democrático implica escuchar la voz de la mayoría, como baluarte último de la verdad social. Ninguna ideología puede ir más allá del bien común...», reza el comunicado del afamado director de orquesta.

El joven fue asesinado, según informes forenses e investigaciones del Gobierno, por una esfera metálica que se le incrustó en la aorta mientras protestaba el pasado 3 de mayo en Las Mercedes, al este de Caracas. Hijo de una pediatra y de un científico, esperaba en un futuro ser cardiólogo y seguir los pasos de su madre.

Además de tocar la viola, que era una de sus pasiones, Armando también practicaba judo en sus tiempos libres. Como a todo joven, le gustaba la música y compartir cosas con sus amigos. Se graduó en la promoción 33 de su escuela y estaba esperando el cupo de medicina en la Universidad Central de Venezuela. Vivía en Bello Monte, una urbanización al este de Caracas, y sus vecinos le han rendido homenaje como un «héroe» con vigilias y acompañamiento a sus familiares desde el día en que fue asesinado.

Bajo el lema «Gritemos con brío, muera la opresión, muera la opresión. Compatriotas fieles, la fuerza es la unión», sacado del himno nacional de Venezuela, tocado por la Orquesta José Francisco Del Castillo, fue despedido Armando. Frente a la capilla funeraria donde estaban los restos del joven de 17 años, los músicos lloraron y tocaron el segundo movimiento de la séptima sinfonía de Beethoven. Después, sus compañeros, los violistas, interpretaron la canción «Venezuela», cuya letra dice así: «Llevo tu luz y tu aroma en mi piel; y el cuatro en el corazón...». En ese momento, la funeraria Monumental del Cementerio del Este rompió en aplausos y lágrimas.

Una corona de rosas rojas y cinta negra –donde se leía «Recuerdo de Gustavo Dudamel»– acompañó las decenas de muestras de afecto que llegaron al funeral del violista. El dirigente de oposición Henrique Capriles declaró: «Que el dolor que sentimos nos dé fuerza en el alma para seguir luchando y que ninguna muerte de un venezolano por su país haya sido en vano!».

Los padres, consternados ante la pérdida de uno de sus dos hijos, pidieron que la gente asistiera al funeral con ropa de colores en lugar del tradicional blanco y negro. Sus allegados cumplieron. Claudio, su mejor amigo del bachillerato, relató que Armando era una persona solidaria. «Para mí era la mejor persona del mundo. Muy gruñón, pero era mi amigo». El día que lo mataron Claudio se iba a encontrar con un grupo de amigos para ir a manifestarse. Trascendió que Armando y su hermano se fueron por su cuenta y fue cuando ocurrió lo peor.

Una representante del Colegio caraqueño Fray Luis Amigo, donde se graduó Armando, contó que su hijo también está impaciente ante un cambio político en Venezuela y que ni con reprimendas ni castigos ha podido conseguir que abandone las calles ante el temor de lo que ocurrió con su compañero. «Armando se fue muy rápido y de una manera trágica. ¿Acaso vale la pena que nuestros jóvenes se sigan sacrificando? ¿Son ellos los culpables de este desastre? Es doloroso, terrible. Como madre no me quiero imaginar cómo se siente Mónica (la mamá de Armando), comparto su dolor y pido fortaleza para que como familia puedan llevar todo esto», sentenció.

Por su parte, Jesús Pérez, profesor de Armando en la cátedra de Viola, calificó la muerte del joven como una pérdida irreparable. «Él ya no estará entre nosotros. Sólo estará en nuestros bellos recuerdos. Esto es dolorosísimo. Sus compañeros van a sentir mucho esta pérdida porque compartían con él los cinco días de la semana que tocaba ensayo», apuntó.

Pérez relató en exclusiva a LA RAZÓN que el joven violista, a quien conocía desde hace cinco años, cuando comenzó a darle clases, era muy talentoso, respetuoso, de buena familia, de pocas palabras, solidario, sonriente y de buen humor. «Yo nunca pensé que Armando podía estar protestando contra el Estado. Esa no era su personalidad, él era muy tranquilo. No sé qué pasó, quizás se envalentonó. No quería ver el vídeo de sus últimos momentos pero vi que abrió los brazos como Jesucristo, como mostrando que no tenía nada», afirmó.