El Eurogrupo insiste en que no ha preparado un «plan b»

Las consecuencias económicas. «Sería el Lehman Brothers global», asegura el ministro finlandés

El comisario europeo de Economía, Pierre Moscovici, ayer, en Luxemburgo
El comisario europeo de Economía, Pierre Moscovici, ayer, en Luxemburgo

No estaba oficialmente en la agenda, pero el Brexit ha sido ese «elefante en la habitación» que, según la famosa frase británica, condiciona todas las conversaciones. Los ministros de Economía y Finanzas de la zona euro reunidos en Luxemburgo, a sólo una semana del crucial referéndum de Reino Unido sobre su permanencia en el club europeo, no tuvieron más remedio ayer que referirse a este acontecimiento con mensajes más o menos prudentes o apocalípticos.

La tónica habitual en Bruselas ha sido la ausencia de una campaña ante el temor de que cualquier mensaje pudiera ser ridiculizado por el bando contrario e interpretado como una injerencia en la soberanía. Ante el temor instalado en los parqués, el presidente del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem, ha reconocido que «estamos preocupados y considerando posibles escenarios», aunque volvió a negar, tal y como se ha hecho en Bruselas una y otra vez, que exista «un plan B». Sobre la posibilidad de cambiar la política fiscal y financiera para contrarrestar un posible abandono británico, el presidente del Eurogrupo mostró su confianza en la capacidad de la Eurozona para lidiar con la situación con instrumentos más eficaces que hace unos años. El más claro ha sido el titular finlandés, Alexander Stubb, que no dudó en calificar un eventual Brexit de nuevo Lehman Brothers a escala global, en referencia al colapso del banco de inversión estadounidense que originó una crisis financiera mundial en 2008, la más grave desde la Gran Depresión. «Tendrá consecuencias no sólo en la City (distrito financiero), Reino Unido y Europa sino también en todo el mundo», alertó ayer el ministro de Economía a su entrada a la reunión, a la vez que reconocía que todas las previsiones económicas para este año y el futuro más cercano podrían quedar en entredicho si lo peor acaba por suceder en medio de una renqueante recuperación europea.

Fuentes diplomáticas europeas, sin embargo, antes de la reunión del Eurogrupo de ayer aseguraban que en la zona euro se da por sentado que las entidades monetarias harán lo necesario para estabilizar la situación, en una referencia velada a una acción conjunta entre el Banco Central Europeo y el Británico. Un plan del que se han filtrado algunos detalles, pero que oficialmente permanece en secreto y que sería similar a las inyecciones de liquidez que inundaron los mercados tras el ataque del 11 de septiembre en EE UU o la ya mencionada quiebra de Lehman Brothers. En la misma línea que Dijsselbloem también descartaban medidas extraordinarias de estímulo fiscal. El titular de Economía en funciones español, Luis de Guindos, fue menos tremendista en sus apreciaciones pero el mensaje se dirigió en la misma dirección. «Creo que el impacto económico sería especialmente relevante en el caso de Reino Unido, pero para Europa sería una mala noticia desde el punto de vista político», recalcó, a la que vez que reconocía las consecuencias negativas respecto a la incertidumbre del resultado.

El informe que el Fondo Monetario Internacional presentó ayer en la reunión sobre la situación de la zona euro también pronostica tensiones políticas no sólo en el caso del triunfo del Brexit sino también en el caso de un resultado ajustado. Para el organismo multilateral, la zona euro se encuentra ante un «momento decisivo» con numerosas divisiones internas y el auge del euroescepticismo. Por eso, un mal resultado exacerbaría esa tendencia, lo que derivaría en un círculo vicioso de mayor «incertidumbre y euroescepticismo», dice el FMI.