El fiscal retiene a 22 empleados de la prisión de «El Chapo»

Un periodista sube por una escalera por el túnel usado por el narcotraficante en su fuga
Un periodista sube por una escalera por el túnel usado por el narcotraficante en su fuga

El director y una coordinadora tenían acceso a los planos

Joaquín Guzmán «El Chapo», el gran capo del cartel de Sinaloa, se escapó por un hoyo debajo de la plancha de la ducha de su celda, pero los que se han quedado literalmente en el hoyo son las autoridades mexicanas. Estar en el hoyo significa, en el español de México, tocar fondo. El presidente Peña Nieto se enfrenta a una crisis de legitimidad tras este fracaso, que se suma al que ocasionó la masacre de 23 supuestos delincuentes a manos del Ejército hace un año, a la desaparición de los 43 estudiantes en Ayotzinapa hace diez meses y a los escándalos de corrupción ligados con la casa conyugal. De poco sirve que el Gobierno haya anunciado una recompensa de 4,5 millones de euros por encontrar al Chapo Guzmán. Tampoco parece que vaya a frenar la indignación la destitución ayer de Ramón Eduardo Pequeño, jefe de Inteligencia de la Policía Federal y encargado de los sistemas de videovigilancia de los centros de máxima seguridad.

La presentación de los vídeos de las cámaras de vigilancia del penal del Altiplano y la grabación del túnel por el que se fugó no fueron suficientes para despegar las interrogantes que se ciernen sobre el caso. El secretario de Gobernación ya reconoció que Joaquín Guzmán sólo pudo escapar con la complicidad de funcionarios dentro de la cárcel y ahora se confirma que dos de los tres funcionarios despedidos, tanto el director como la coordinadora de todos los reclusorios federales, tenían acceso a los planos del penal, pero deben de aclarar a cuánta gente tuvo que sobornar para que nadie viera ni escuchase los ruidos de una excavación de ese calado. El kilómetro y medio de túnel era una obra de ingeniería sofisticada. En el vídeo se ve como a lo largo del túnel habían instrumentos de construcción, tanques de oxígeno, recipientes con combustible, vigas de madera para evitar desprendimientos, una tubería que va por el techo y que sirvió de base para el cableado para unas bombillas. Según las autoridades, Guzmán lo recorrió en una motocicleta que estaba adaptada a unos rieles y que habría servido para sacar la arena durante la excavación. Mientras se dejaba transportar por la moto habría ido rompiendo las bombillas.

Al bajar de la moto le esperaba una escalera de madera con 17 peldaños que le lleva a otro sótano donde desemboca la instalación eléctrica. Ahí hay otra escalera. Uno, dos, tres hasta siete escalones y salió a la casa que construyeron para maquillar su fuga. Quiénes visitaron el lugar aseguran que un polvo fino de la excavación lo cubre todo y que por el túnel corre un aire caliente y húmedo. La temperatura desciende 10 grados al salir a la superficie, un almacén donde quedó una cortadora eléctrica de disco, vigas de madera de diez por diez centímetros, rollos de malla de acero, fluido hidráulico y tramos de tubo PVC de tres metros de largo.

La Fiscalía mantendrá dos días más arrestados a los 22 trabajadores de la cárcel que detuvo el domingo, para seguir con los interrogatorios y la investigación. La última cabeza en caer ha sido la del jefe de la División de Inteligencia de la Policía Federal, Ramón Eduardo Pequeño, encargado de los sistemas de videovigilancia de los Centros Penitenciarios de Máxima Seguridad. Mientras tanto la sociedad reclama también responsabilidades políticas. De momento, la Procuraduría General de la República mantiene arrestados a 22 funcionarios de la prisión porque tiene sospechas de que están implicados en la fuga, pero aún se desconoce por qué pasaron al menos 30 minutos desde que dejaron de verlo en la celda hasta que activaron las alertas ni por qué se tardó tanto en movilizar a la Policía y al Ejército tras conocerse la fuga.