El Gobierno colombiano y la guerrilla del ELN abren el diálogo para la paz

Fotografía del 25 de mayo de 2016, cedida por el diario La Opinión el 27 de mayo de 2016, de un soldado colombiano que desmonta una bandera de la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional (ELN), que se encontraba izada hacía varios días en una antena de telefonía celular en la pobación de El Tarra (Colombia).
Fotografía del 25 de mayo de 2016, cedida por el diario La Opinión el 27 de mayo de 2016, de un soldado colombiano que desmonta una bandera de la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional (ELN), que se encontraba izada hacía varios días en una antena de telefonía celular en la pobación de El Tarra (Colombia).

Una fuerte presión ciudadana está haciendo que todas las partes se movilicen hacia la senda de la paz a un ritmo mayor del esperado tras el triunfo del «no» en el plebiscito del 2 de octubre. Anoche, las delegaciones del Gobierno de Colombia y de la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional (ELN) se disponían a hacer un anuncio sobre el inicio de la fase pública de los diálogos de paz, que tendrán como sede a la ciudad de Quito.

En el primer trimestre del año, ya se había anunciado la hoja de ruta para los diálogos con esa guerrilla, pero se vieron suspendidos hasta que el ELN liberara a todos los secuestrados en su poder y dejara de cometer este delito. La negociación tendrá seis puntos centrales, que van desde la participación de la sociedad civil en la construcción de la paz hasta la reparación a las víctimas. Cuba, Noruega, Venezuela, Chile, Ecuador y Brasil apoyarán el diálogo.

Con las FARC desplazadas de la mesa de negociación, hay dos figuras que han tomado las riendas. Por un lado, Juan Manuel Santos, fortalecido tras ser galardonado con el Nobel de Paz, y del otro el Centro Democrático, que a través de su líder, el ex presidente Álvaro Uribe, ya ha presentado sus propuestas de reorientación de dichos acuerdos. Ayer sus emisarios se las entregaron a la delegación del Gobierno encargada de impulsar las negociaciones. El «pliego de peticiones» del uribismo no trae grandes novedades en relación con lo que había venido diciendo durante las negociaciones en La Habana. Habla de no impunidad y no elegibilidad para los responsables de delitos atroces y de que el narcotráfico no sea considerado un delito político. Señala que el Tribunal de Justicia Transicional creado en el acuerdo tiene «facultades exorbitantes», como aquella de definir qué conductas son delitos. Asimismo, vuelve a poner sobre la mesa la necesidad de darles «alivios jurídicos», casi indultos a los militares.